LOGINMarcosUn año despuésMi amigo fue muy específico en lo que quería para su propuesta, por lo que me encuentro sentado fuera de la casa de Carolina, junto a Emilia, ambos nos damos una mirada cómplice y yo le doy el pase para que toque los primeros acordes de Thinking Out Loud de Ed Sheeran.Aaron me observa con pánico y yo solo le sonrío y levanto mi pulgar en su dirección. Samanta está a mi lado grabando todo con su teléfono.La melodía tocada por Emilia llena la atmósfera y ambos cantamos al unísono. Mi fiel compañera, Adela, también es partícipe de este momento, acompañando la melodía que Emilia toca con su guitarra.When your legs don't work like they used to before And I can't sweep you off of your feet Will your mouth still remember the taste of my love Will your eyes still smile from your cheeksAnd darling I will be loving you 'til we're 70 And baby my heart could still fall as hard at 23 And I'm thinking 'bout how people fall in love in mysterious ways Maybe just the to
El primer día de clases en la universidad llegó más rápido de lo que esperaba.Caminaba por el campus con la mochila colgada en un hombro y la mano de Sam entrelazada con la mía, todavía incrédulo de que esa fuera mi realidad. El lugar estaba lleno de estudiantes que iban y venían, algunos con cara de sueño, otros con esa emoción nerviosa que solo traen los comienzos.Yo estaba en algún punto intermedio.—¿Nervioso? —preguntó Sam, mirándome de reojo.—Un poco —admití—. Pero si me desmayo, promete decir que fue por la emoción y no por el miedo.Ella soltó una risa suave y apretó mi mano.—Diré que fue porque no desayunaste.—Traicionera.Seguimos caminando entre la multitud hasta que, de pronto, lo vi.Robert.Estaba al otro lado del pasillo, con una carpeta bajo el brazo. Por un instante sentí cómo el pasado intentaba colarse en el presente, como una sombra que ya no tenía fuerza, pero que aún recordaba el camino.Sam también lo vio. Lo supe por la forma en que sus dedos se tensaron ap
MarcosEl sonido del mar siempre me había parecido relajante, pero esa tarde tenía algo distinto. Tal vez era el reflejo dorado del sol sobre el agua, o el movimiento tranquilo de las olas rompiendo en la orilla, o quizás era simplemente el hecho de estar caminando junto a Sam, sin prisas, sin miedos, sin nada que nos apurara.Avanzábamos descalzos por la arena húmeda, dejando huellas que el mar borraba casi de inmediato, como si quisiera guardar nuestro momento solo para él. Sam caminaba a mi lado, con el cabello revuelto por el viento y una sonrisa genuina en los labios, contándome una anécdota sobre Emilia y su reciente obsesión por practicar guitarra incluso antes de desayunar. Yo reía, asentía y respondía cuando correspondía, pero la verdad era que estaba demasiado ocupado mirándola.Me gustaba verla así.Tranquila.Libre.Sin esa sombra de inseguridad que tantas veces había visto en sus ojos. Era como si después de mucho tiempo, por fin fuéramos felices.—¿En serio hizo eso? —re
Desde que desperté esa mañana, supe que iba a ser un día importante.No porque tuviera un examen, una presentación o algo urgente que resolver, sino porque Marcos iba a venir a mi casa por primera vez como mi novio. A conocer oficialmente a mi familia, a convivir con ellos, a sentarse en nuestra mesa, a formar parte, aunque fuera por unas horas, de mi pequeño mundo.Y eso me tenía completamente nerviosa, porque jamás había presentado a un novio formal a mi familia y aunque ellos ya sabían de mi reciente relación con Marcos, los nervios se apoderaban de mi al querer que todo saliera perfecto.Me levanté más temprano de lo normal, revisé mi celular al menos diez veces antes de desayunar y me probé tres outfits distintos antes de decidirme por uno sencillo: jeans claros, una blusa blanca y zapatillas. Nada exagerado, nada forzado y muy casual.Aun así, sentía que el corazón me latía demasiado rápido.—Respira, Sam —me dije frente al espejo—. No es una entrevista de trabajo.Mentira.Para
MarcosEstaba afinando la guitarra en mi habitación, sentado en el borde de la cama, con la ventana abierta y la luz del atardecer entrando en tonos dorados. Tenía la guitarra apoyada sobre mis piernas y varias ideas dando vueltas en mi cabeza, sin lograr aún transformarlas en una canción completa.Entonces, mi celular sonó, alertándome de una llamada entrante. Sonreí al ver que se trataba de mi madre y contesté de inmediato.—Hola, mamá —saludé.—Hola hijo, ¿podemos vernos mañana? —me preguntó con esa voz suya que siempre traía escondida una mezcla de cariño y nostalgia—. Pensé que podríamos almorzar juntos.—Claro, mami —respondí—. ¿Te parece si voy con Sam?Hubo un segundo de silencio.—¿Con tu novia? —preguntó emocionada.—Sí —me reí—. Con mi novia.—Por supuesto que sí —contestó de inmediato—. ¡Me encantaría conocerla!Sonreí ante su emoción genuina y terminamos de cuadrar los detalles, acordando vernos en su lugar de comida mexicana favorito, al cual siempre íbamos cuando yo era
SamantaHabía pasado un mes desde aquella cita con Marcos, y aun así su presencia seguía apareciendo en mis pensamientos con una naturalidad que ya no intentaba combatir. Estaba casi segura de algo que me asustaba y me emocionaba al mismo tiempo: me estaba enamorando de él. De sus gestos simples, de la forma en que me miraba sin exigencias, del respeto con el que cuidaba cada paso que dábamos.Me sentía distinta, más liviana. Como si el cariño de Marcos me diera energía extra, una especie de impulso interno que me ayudaba a seguir adelante incluso en los días más pesados.Esa tarde, Carolina me escribió para pedirme ayuda con algo que, según ella, era urgente y vital: elegir un vestido para una fiesta escolar de su instituto. Acepté sin pensarlo demasiado, pues necesitaba distraerme, mover el cuerpo, salir un poco de mi cabeza y la novia de mi amigo era una chica muy agradable, la cual incluso podía considerar ya como mi amiga.Nos encontramos en el centro comercial y apenas entramos,







