Beranda / Mafia / Una noche con el Don de la mafia / Capítulo 5 ~ Sin escapatoria

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Capítulo 5 ~ Sin escapatoria

Penulis: Reynan
last update Tanggal publikasi: 2026-06-05 18:16:59

—Señor, la señorita Olivia se escapó de su habitación. Encontramos una cuerda de sábanas colgando de su ventana —informó Loye, el asistente del abuelo de Olivia.

—Lo imaginé. Seguro fue a buscar a Aland —respondió Simon—. Déjala, no la busquen. Quiero ver cuánto tiempo sobrevive allá afuera sin ninguno de los privilegios que yo le daba.

—Entendido, señor.

—Pero, si es posible, manténganla vigilada desde lejos, asegúrense de que no note su presencia. Después de todo, no quiero que mi nieta sufra ningún daño o que alguien la lastime —añadió Simon.

—Entendido, señor.

Por otro lado, Olivia se despertó sobresaltada al escuchar el rugido del motor de un auto. Se incorporó de inmediato, bajó de la cama y se acercó a la ventana para espiar hacia el frente de la villa.

—El gato de Bengala se va —murmuró—. Perfecto. Esta es mi oportunidad para escapar de aquí.

Olivia vio a Zayden salir de la villa vistiendo un traje elegante y sumamente costoso. El atractivo hombre caminó hacia el auto mientras uno de sus subordinados le abría la puerta trasera. Antes de subir, Zayden giró la cabeza repentinamente hacia la ventana de Olivia, lo que hizo que ella se sobresaltara y se apartara de golpe.

—¿Acaso tiene un radar en la cabeza? ¿Por qué siempre se da cuenta de que lo están observando? —murmuró Olivia.

Esperó hasta que el sonido del motor comenzó a desvanecerse a la distancia. Entonces, volvió a acercarse a la ventana con una sonrisa de alivio.

—Ya se fue. Muy bien, es hora de largarse de aquí —se dijo.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió y apareció una sirvienta trayendo una bandeja con el desayuno.

—Señorita, aquí tiene su desayuno —dijo la empleada.

—Sí, gracias —respondió Olivia, echando un vistazo rápido hacia el pasillo para asegurarse de que no hubiera guardias custodiando la entrada.

—¡Espera! —la llamó Olivia, deteniendo a la sirvienta, quien se giró a mirarla con confusión.

Olivia se acercó a ella con una sonrisa amable. —Lo siento mucho.

Olivia, quien tenía conocimientos básicos de artes marciales y puntos de acupuntura, le propinó un golpe certero en la nuca, justo en un punto vital, haciendo que la sirvienta cayera inconsciente de inmediato. Con rapidez, la arrastró hasta la cama y la acomodó allí; luego, procedió a cambiarse de ropa con ella para usar su uniforme.

Le dio unos cuantos bocados rápidos al desayuno, escondió su mochila en la parte inferior del carrito de servicio y salió de la habitación empujándolo.

Con el corazón latiéndole a mil por hora, Olivia recorrió los pasillos de la enorme villa. Antes de llegar a las escaleras, notó una habitación con la puerta ligeramente entreabierta. Impulsada por la curiosidad, decidió entrar.

Se quedó horrorizada al ver la cantidad de papeles pegados en las paredes. Había varias fotografías de cadáveres y diversos recortes de noticias policiacas distribuidos por todo el lugar.

—¿Q-Qué es esto? —murmuró, cubriéndose la boca con total estupefacción.

Invadida por el pánico, Olivia salió a toda prisa de esa habitación y apresuró el paso para salir de la casa lo antes posible.

«¡Está loco! Ese tipo debe ser un psicópata que secuestra chicas y las asesina. Menos mal que me di cuenta a tiempo y me largo», pensó Olivia al llegar a la cocina. Dejó el carrito abandonado en cualquier lugar y se dirigió directo a la salida trasera.

—Oye, Amel, ¿ya terminaste tus tareas? ¿Ya le llevaste el desayuno a la invitada del joven amo? —le preguntó otra sirvienta, cuyo uniforme lucía un poco diferente al que llevaba Olivia.

—S-Sí, ya está —respondió Olivia, manteniéndose de espaldas para no ser descubierta.

—Bien, entonces limpia la cocina —le ordenó la mujer antes de retirarse.

Aprovechando el descuido, Olivia tomó su mochila y corrió hacia la puerta trasera del jardín. Por fortuna, el área no estaba custodiada en ese momento. Al notar que la reja de salida estaba encadenada con un candado, Olivia no tuvo más opción que trepar por el diseño del metal para saltar hacia el otro lado.

—Ah, todavía me duele el tobillo —se quejó al caer al suelo.

A paso apresurado, se alejó de la villa. Temiendo que descubrieran su ausencia pronto, le hizo señas a un taxi que pasaba y subió de inmediato.

—Uf, al fin logré salir de ese lugar tan aterrador. Espero no tener que cruzarme con ese maldito gato de Bengala nunca más —murmuró aliviada.

Sin embargo, sumida en sus pensamientos, olvidó por completo que la tarifa del taxi seguía aumentando. —¡Deténgase aquí, señor! —exclamó de pronto, sobresaltando al conductor.

—¿Aquí mismo?

—Sí, me bajo aquí —asintió Olivia. El chofer orilló el vehículo.

Olivia abrió su billetera y soltó un profundo suspiro al ver que solo le quedaba un billete de baja denominación. Le pagó al conductor y este le entregó el cambio justo cuando ella bajaba del auto.

—Puras monedas. Esto no me alcanza ni para una comida —se lamentó, observando el cambio en la palma de su mano.

Miró a su alrededor. —¿Dónde diablos estoy? —murmuró desorientada.

Sin más opciones, Olivia comenzó a caminar con rumbo a la corporación donde trabajaba Aland.

Tras una caminata sumamente agotadora, con el sudor empapando su cuerpo y sufriendo los estragos de no haber desayunado —ya que solo había tomado un poco de jugo por la mañana—, sus fuerzas empezaban a flaquear.

—Tengo tanta hambre y sed —murmuró, acariciándose el estómago mientras pasaba frente a un restaurante de comida rápida.

—¡Uf!

Olivia continuó su camino hasta que, finalmente, divisó el edificio de Aland, el cual ya registraba un flujo constante de empleados entrando a las instalaciones.

—¿Cómo se supone que me acerque a Aland? La última vez me echó y me prohibió regresar —pensó preocupada.

Al final, decidió sentarse en una banca en la acera de enfrente, dispuesta a esperar su llegada.

Después de una larga espera, Olivia se puso de pie de un salto al ver que el auto de Aland se estacionaba frente a la entrada principal. Vio a Aland descender del vehículo y, acto seguido, rodearlo para abrir la puerta del copiloto, de donde bajó una silueta muy familiar.

¡Pam! (El corazón de Olivia se detuvo).

«¿Aland y Penelope?», pensó, completamente desconcertada. Que ella supiera, ellos dos jamás habían sido cercanos ni llevaban una relación estrecha.

Olivia observó cómo Aland y Penelope entraban juntos al edificio, caminando uno al lado del otro.

—¿Qué clase de relación tienen ellos dos? ¿Por qué están juntos y por qué Penélope entra a su oficina? —murmuró Olivia, sumida en la confusión, mientras un inevitable sentimiento de celos comenzaba a invadirle el pecho.

Llevada por una inmensa intriga, Olivia decidió esperar a Aland afuera del edificio durante todo el día, sin probar gota de agua ni bocado. Finalmente, a media tarde, Aland volvió a salir del edificio, acompañado nuevamente por Penelope.

—¡Aland! —lo llamó Olivia justo cuando se disponían a subir al auto.

Tanto Aland como Penelope se giraron sorprendidos al ver a Olivia allí, vistiendo un uniforme de sirvienta.

—Vaya, ¿qué te pasó en la ropa, Oliv? ¿Acaso ahora trabajas como empleada doméstica de alguien? —se burló Penelope con ironía.

—¿Qué significa esto, Aland? ¿Por qué estás con Penélope? —cuestionó Olivia, ignorando por completo el comentario de su prima.

—¿Por qué te importa? ¿No te agrada que salga con otras mujeres, cuando tú misma eres capaz de acostarte con cualquiera? —le espetó Aland con crueldad.

—Ya te lo expliqué antes, todo es un malentendido, Aland. ¿Es que no puedes darme una sola oportunidad? —pidió Olivia con una mirada llena de dolor.

—¡No, no puedo! —respondió Aland con firmeza. Vámonos, Penélope —Aland le abrió la puerta a Penélope para que subiera y luego se volvió hacia Olivia.

—Escúchame bien: ¡no vuelvas a aparecerte frente a mí! ¡Me repugna ver tu cara! —sentenció Aland antes de subir al auto y arrancar, dejando a Olivia con el corazón completamente destrozado. No pudo hacer más que ver cómo el auto de Aland y Penelope se alejaba del lugar.

Olivia apretó los puños con fuerza mientras los veía perderse a la distancia. Sentía una opresión insoportable en el pecho; nadie estaba dispuesto a escucharla ni a confiar en ella.

«¿Por qué me tratas así, Aland?», lloró internamente.

La noche cayó y una tormenta comenzó a azotar la ciudad con violencia. Sin fuerzas para seguir caminando, Olivia se dejó caer en la acera, permitiendo que la lluvia empapara su cuerpo por completo. A esa hora, el tráfico en la avenida era denso y los autos avanzaban a vuelta de rueda. En el interior de uno de esos vehículos de lujo, Zayden viajaba en el asiento trasero, observando con indiferencia el panorama a través de la ventana.

De pronto, sus ojos dorados se entrecerraron al distinguir la silueta de Olivia tirada a un costado de la calle bajo la tormenta.

—Detén el auto —ordenó Zayden.

—¿Necesita algo, señor? Si quiere, puedo ir yo a comprarlo —se ofreció Clif, el asistente personal de Zayden.

—No es necesario, estaciónate a un lado —indicó Zayden. Clif de inmediato le dio la orden al chofer para que se orillara.

—Adelántense ustedes, yo los llamaré cuando necesite que me recojan —añadió Zayden antes de bajar del vehículo, abriendo un paraguas negro.

Zayden caminó con paso firme hasta quedar frente a Olivia, quien mantenía la cabeza baja con una expresión de absoluta vacuidad.

—Vaya, parece que este mundo es bastante pequeño, ¿no crees? —comentó Zayden. No importa qué tan lejos intentes escapar, al final siempre termino encontrándote.

Al escuchar esa voz, Olivia levantó la mirada y sus ojos se abrieron de par en par al encontrarse de frente con los ojos dorados y penetrantes de Zayden.

—¿El gato de Bengala? —murmuró Olivia.

***

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