Salvé al mafioso y ahora soy su obsesión

Salvé al mafioso y ahora soy su obsesión

last updateTerakhir Diperbarui : 2026-08-20
Oleh:  Yerimil PerezTamat
Bahasa: Spanish
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Salvarle la vida al hombre más peligroso de Rusia fue el peor error de Alma Petrov. Una noche. Una bala. Un mafioso desangrándose en el asiento trasero de su auto. Alma pensó que, después de suturar la herida de aquel desconocido de ojos grises, todo terminaría ahí. Pero el hombre al que ayudó no era cualquiera. Era Nikolai Romanov. Heredero de la Bratva Romanov. Un depredador vestido de negro, obsesivo, cruel y acostumbrado a conseguir todo lo que desea. Y ahora… la desea a ella. Arrastrada a un mundo de lujo, violencia y secretos mafiosos, Alma intentará resistirse al hombre que podría destruir su vida… mientras descubre que el monstruo capaz de ordenar asesinatos también es capaz de mirarla como si fuera lo único que le pertenece en el mundo. Pero enamorarse de un Romanov tiene un precio. Y en la mafia, el amor casi siempre termina en sangre.

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Bab 1

C1: Cállate. Y conduce

—¡¿Qué demonios?! —chilló en el momento que la cerveza helada cayó directamente sobre su vestido negro, empapando la tela ajustada que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel.

El olor amargo del alcohol barato invadió sus fosa nasales, mezclado con el perfume caro que se había colocado esa noche, Alma levantó la mirada, furiosa. Frente a ella estaba él.

Traje negro impecable de alguna alta casa de costura de Moscú, mandíbula cuadrada y una figura que parecía tallada para intimidar. Sus ojos grises tan fríos la miraron como si fuera un bicho raro e insignificante mientras varios hombres bien trajeados empujaban a otros para permitirle el paso.

Su mirada fue breve antes de continuar, no se disculpó, Alma apretó los dientes y por encima de la música fuerte grito:

—¡IMBÉCIL! —aunque fue entre dientes, pero fuerte. A su lado, Yuri soltó una risa ahogada por la música y rara por el alcohol en su sistema.

—Creo que acabas de insultar a alguien muy muy peligroso, Almita.

—Y yo creo que ese bastado acaba de arruinar mi vestido de ochocientos dólares que ni siquiera es mío —respondió ella, sacudiendo inútilmente la tela mojada.

Yuri resopló, cruzando los brazos.

—Tus prioridades me preocupan a veces —soltó llevando su cerveza a su boca—. Estamos en medio de Velvet Noir, rodeados de oligarcas y quizás uno que otro mafioso, y tú te preocupas por un vestido —expresó con indignación—. Fuera yo una mujer, ya estuviera follando en una esquina, pero ya sabes como es la vida en Rusia para los de mi tipo.

La música electrónica empezó a retumbar con fuerza, ya que Velvet Noir no era un club cualquiera. Era la vida nocturna de Moscú en donde los políticos corruptos, mafiosos y modelos de piernas largas venían a divertirse.

Entrar allí requería más que dinero. Era contactos, Yuri con esa sonrisa fácil y capacidad casi sobrenatural para conseguir mesas VIP, siempre con la misma respuesta para su amiga “Contactos”.

Alma jamás preguntó demasiado. Prefería mantenerse en la ignorancia de cualquier tema que involucrara acciones ilegales.

—Voy al baño antes de que empiece a oler como una cervecería barata —murmuró ella, mirando con disgusto la tela de su vestido.

—Te traeré otro vodka para que te aligeres —dijo Yuri, ya haciendo señas al camarero.

—Y agua. Tengo cirugía a las siete de la mañana.

Yuri abrió la boca, escandalizado.

—Eres oficialmente la mujer más aburrida de todo Moscú. ¿Quién diablo viene a Velvet Noir a tomar agua?

Alma soltó una risa cansada y se alejó entre la multitud, sintiendo la tela húmeda pegada incómodamente a sus piernas.

El cansancio la golpeó de nuevo mientras caminaba. Llevaba tres turnos seguidos en el hospital central de Moscú, accidentes automovilísticos graves, heridas de balas y traumatismo craneales. Como traumatóloga, su vida transcurría bajo las luces blancas fluorescentes, rodeada del olor metálico de la sangre y el pitido constante de los monitores.

A sus veintinueve años, ya había visto más muerte y dolor que la mayoría de gente a lo largo de su vida. Por eso Yuri la había arrastrado a ese club esa noche.

“Necesitas recordar que estás viva antes de que te conviertas en un robot de bata blanca”, le había dicho su mejor amigo. Y quizás tenía razon, por eso acepto ponerse ese vestido negro ajustado, maquillaje y los tacones altos después de semanas vistiendo solo pijamas quirúrgicas.

Alma se colocó frente al espejo en el baño de mujeres y comenzó a secar la tela con toallas de papel, sin tener mucho éxito.

—Perfecto… —murmuró con ironía—. Absolutamente perfecto —el olor a cerveza mezclado con su perfume de Dior le revolvió el estómago—, maldito imbécil de ojos grises…

Entonces el primer disparo estalló dentro del club. Un sonido ensordecedor, Alma se congeló, con el papel aún en sus manos. Luego otro y más seguidos como una ráfaga.

Los gritos empezaron casi al instante mientras la música se cortó de golpe dejando paso al eco del pánico, cristales rompiéndose, mesas cayendo y personas corriendo en estampida.

El corazón de Alma dio un vuelco brutal. La adrenalina inundó su sistema en cuestión de segundos: taquicardia, respiración agitada y visión periférica ampliada. Modo supervivencia activado. Lo conocía demasiado bien de sus años como residente en la urgencia.

Se agachó instintivamente contra el suelo frío mientras más disparos se escuchaban fuera. Por un segundo, los recuerdos la asaltaron: pacientes desangrándose en la mesa de operaciones y madres gritando el nombre de sus hijos.

No. No otra vez.

Pensó en Yuri. En su amigo riendo en el VIP hace unos minutos.

—Mierd* —se levantó de golpe y salió del baño.

El club se había convertido en un infierno. Personas corriendo desesperadas en todas direcciones, guardias de seguridad armados y gritando órdenes.

Los disparos provenían claramente de la zona VIP.

—¡Yuri! —gritó con todas su fuerzas, empujando entre la multitud.

Alguien chocó violentamente contra ella, casi derribándola. Un disparo pasó tan cerca que sintió el silbido junto a su oreja izquierda. El terror le apretó el pecho como una mano de hierro.

—¡Yuri!

Era imposible distinguir rostros en aquel caos. Las luces seguían girando enloquecidas. La gente empujaba, pisoteaba y gritaba.

Alma vio una oportunidad: la salida de emergencia trasera. Corrió hacía allí, esquivando cuerpos, tropezando con tacones abandonados y vidrios rotos. Sus pulmones ardían hasta que el aire frío de la noche en Moscú la golpeó con fuerza en el momento que cruzó la puerta.

El estacionamiento trasero estaba semi vacío. Sirenas lejanas se acercaban. Temblando violentamente, buscó las llaves en su pequeño bolso, Alma entendía que Yuri era sobreviviente e iba a salir de ese lugar como sea.

Vamos, vamos, vamos…

Las encontró. Corrió hacía su BMW negro estacionado en el fondo y presionó el botón. El pitido sonó demasiado fuerte en la noche mientras sus manos temblaban tanto que tardó varios segundos en abrir la puerta. Respiró profundo.

“Solo conduce. Busca a Yuri después. Llama a la policía”, se decía y Justo cuando se sentaba en el volante y quitaba el seguro… sintió algo frío y duro presionar directamente contra su nuca.

El mundo se detuvo para Alma. Un cañón de una pistola.

—No grites —ordenó una voz masculina, profunda y ronca. Peligrosamente calmada detrás de ella.

Alma quedó completamente inmóvil. El metal frío presionó más fuerte contra su piel, obligándola a sentir cada milímetro.

—Sube al auto. Ahora.

Ella tragó saliva lentamente mientras el miedo paralizó cada músculo. Podía escuchar la respiración pesada del hombre. Y entonces olió: sangre. Mucha sangre, con movimientos lentos giró apenas su cabeza.

Lo primero que vio fueron sus ojos, grises, afilados como cuchillas y tan fríos. Era el imbécil que había arruinado su vestido hace rato. Luego notó su camisa blanca manchada de sangre, ya que no llevaba puesto su saco.

—Por favor… —susurró Alma, con la voz temblorosa—. No me lastimes. Soy doctora… puedo ayudarte.

Los ojos grises no mostraron compasión.

Presionó el cañón del arma un poco más firme contra ella. Su voz sonó tan fría: —Cállate mujer. Conduce.

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osiris vizcaino
osiris vizcaino
Ah Ahora si no dicen adiós nuestros chicos Gracias Yermil Que libro tan buenísimo Tienes que talento Solo te dire que me disfrute este libro de principio a fin Cada capituló superaba
2026-08-20 12:57:02
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Jessica
Jessica
Felicidades por tan hermosa historia Yeremil
2026-08-20 06:32:53
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Yerimil Perez
Yerimil Perez
Estoy de regreso. Estuve fuera de la ciudad un tiempo. Mañana subo el capítulo final
2026-08-19 07:02:41
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Gäby De Oz
Gäby De Oz
excelente historia magnífica como tolonque que escribes felicidades
2026-08-19 00:18:54
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Paola Giovanna
Paola Giovanna
¿Todavía nos quedan más capítulos verdad? No quiero que termine, además me falto más de Damián y Lili, y de Yuri y Lev..
2026-08-12 20:55:18
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