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NUEVA VIDA

Autor: Moonie
last update Fecha de publicación: 2025-11-24 10:13:34

Capítulo 5

Mi padre estaba fuera de sí, me miraba con los ojos llenos de rabia y enojo, había perdido el control, sabía que le estaba dando un golpe a su ego, su rabia no era por lo que hice, si no por como lo deje delante de la gente.

—Si ahora eres su esposo —le dijo a Edward, señalándolo con el dedo—. Espero que hoy mismo saque sus cosas de mi casa, Y también Paulina desde hoy dejarás tu trabajo en la empresa. No pienso tener a una mujer desagradecida en mis empresas.

Me quedé parlaizada, conteniendo las ganas de temblar, No quería dejar que me viera débil.

—Tengo derecho a estar en la empresa —respondí—. Mamá dejó una parte importante de su herencia a mi nombre, y gracias a esa dinero las empresas son lo que son, así que no puedes sacarme

Mi padre soltó una carcajada cínica y burlona

—Si quieres, demándame —respondió con burla —. Llevemos esto a juicio. se que tendrás que esperar meses para que puedas tener un fallo a tu favor.

—¿Por que me odias? Dime la verdad de una vez —le grite enojada.

Liliana se agarró el pecho exagerando como siempre y se dobló hacia adelante.

—Papá… me duele… me duele mucho… —gimió como si estuviera a punto de desmayarse.

Yo ya conocía ese show. Lo había visto mil veces cuando quería que me golpeara papá por "hacerla enfermar" y mi padre caía redondo.

—¡Liliana! ¡Mi niña! —gritó, corriendo hacia ella.

Un guardia del restaurante trajo una silla y la sentaron. Ella respiraba como si estuviera a punto de morir, aunque yo sabía que era actuación.

Mi padre pidió su coche y cargándola se la llevó al hospital.

Edward suspiró y miro a los invitados chismosos

—El espectáculo terminó —dijo y tomó mi mano con firmeza—. Vámonos.

No dije nada, sentía que todo estaba en pausa a mi alrededor.

El camino hacia su departamento fue lento, mi mente estaba en blanco y me cuestione si hice lo correcto, Mis piernas temblaban, sentí que me faltaba el aire. Estaba teniendo un ataque de ansiedad.

Llegamos a su departamento, el me ayudó a llegar al sillon

—Respira —me dijo Edward, poniéndose frente a mí—. Ya pasó todo. Estás bien.

Me apoyé en la pared. A pesar de todo, él había sido mi único respaldo.

—Gracias —susurré—. Te lo juro… voy a buscar un lugar para vivir. No quiero ser una carga. Solo necesito un par de días.

Él me miró como si lo hubiera ofendido

—Paulina, si delante de todo el mundo dijiste que eras mi esposa, no te vas a ir por ahí buscando un departamento —respondió—. Mi esposa vive conmigo y Punto.

No me encantaba la idea. No confiaba del todo en él, y él lo sabía. Pero tenía razón: si quería que la farsa fuera creíble, tenía que quedarme.

—Solo tengo una habitación —dijo señalando hacia el pasillo—. La de visitas está llena de cosas. Te quedas en mi cuarto.

Entré al dormitorio. La cama era enorme y cómoda. Me dejé caer, agotada. Un minuto después, Edward se dejó caer a mi lado.

—¿Qué haces? —le dije abriendo los ojos —. No voy a compartir la cama contigo. Ni lo sueñes.

Él se rió.

—Las mujeres siempre dicen lo mismo. Después terminan rogándome un espacio —respondió con una sonrisa presumida.

—Pues prepárate a ser el primer hombre al que le tocará dormir en el piso —dije cruzándome de brazos—. Ya te dije que esto es una farsa.

Él me miró un segundo, fingiendo ofenderse.

—Tú tienes suerte de que soy un caballero —murmuró —Otra mujer le gustaría mi calor.

Sonreí, cansada y negué con la cabeza.

—Conmigo no. Así que decide si quieres colchón o sofá.

—Colchón en el piso —respondió, agarrando una almohada—. Pero que quede claro: esto es temporal. No pienso fracasar como esposo la primera noche.

Blanquee los ojos.

—Buenas noches, Edward.

—Buenas noches, señora Hilton —respondió desde el suelo.

Al día siguiente, Edward insistió en ir conmigo a la oficina. No discutí. Estaba demasiado cansada para pelear y, aunque no quería admitirlo, me hacía sentir más segura.

Cuando entramos al edificio, la gente nos miraba y murmuraba, éramos la noticia del día. Todos sabían que la boda con Mike había sido cancelada, y de la infidelidad con mi hermana.

Subimos directo al piso ejecutivo. Mike estaba sentado en su oficina, leyendo unos documentos, fingiendo normalidad. Apenas nos vio, se levantó de golpe.

—Paulina… por favor, déjame hablar contigo —dijo, acercándose nervioso.

Yo lo mire enojada, manteniendo la distancia.

—No tengo nada que hablar contigo —respondí entrando a su oficina —Como ya sabes Edward es mi esposo y ocupará tu lugar en esta empresa como mi albacea.

—No me quites el puesto —me rogó—. Sé que estás molesta, lo que dije… lo que hice… fue una estupidez. No significa nada. No la amo, ella no fue importante.

—¿No fue importante? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta—. Mike, me rompiste el alma, ¡Te metiste con mi hermana!, Me utilizaste, me mentiste, me humillaste.

Él me tomó del brazo, desesperado.

—Perdóname. Te lo juro, puedo arreglarlo. Tú y yo… aún podemos casarnos.

—Suéltame —le ordené.

Pero no me soltó. Al contrario, me acercó más a él.

—No me dejes, Paulina —susurró—. Yo… yo te amo.

Y antes de que pudiera reaccionar, me besó. No fue un beso suave, fue un beso desesperado, casi como declarándome suya.

Sentí rabia, asco, una mezcla de emociones llenas de odio.

Lo empujé con todas mis fuerzas.

—¡No me vuelvas a besar! —grité.

En ese instante, Edward entró y lo apartó con un empujón tan fuerte que Mike casi cae al suelo.

—No vuelvas a tocar a mi mujer —dijo, con una furia.

Mike se limpió la boca, rojo de ira.

—Esto no se va a quedar así —amenazó.

—Me das risa —respondió Edward—. Ya perdiste, Mike. Acepta la derrota como un hombre.

Mike me miró por última vez, con tristeza, y salió de la oficina dando un portazo.

Cuando se fue, Edward me miró con los ojos entrecerrados.

—¿Qué fue eso? —preguntó, molesto—. ¿Por qué le permites acercarse así? Yo no voy a ser el idiota de turno, Me casé contigo. Exijo fidelidad.

Me reí, todavía alterada por la discusión

—¿Tú exiges fidelidad? Por favor, Edward. Con tu historial, debería exigírtela yo a ti.

Él resopló, pero luego levantó su meñique.

—Hagamos un pacto —dijo serio—. Aunque esta boda sea por conveniencia, tú no me fallas y yo no te fallo. ¿Hecho?

Lo miré, dudando unos segundos.

Al final, choqué mi meñique con el suyo.

—Hecho.

La secretaria de papá me informo que mi padre había pedido que clausurará mi oficina, decidí ir a casa para hablar con papá y a recoger mis cosas

Edward insistió en acompañarme, y acepté. No quería enfrentarme sola a lo que me esperaba.

Cuando llegamos, mis pertenencias estaban tiradas en la calle: cajas, ropa, maletas. Todo bajo el sol, como si fueran basura.

Mi padre estaba en la puerta, con los brazos cruzados.

—Olvídate de que soy tu padre —dijo—. Y olvídate del apoyo de esta familia. Estás sola. Y ni se te ocurra volver a las empresas. Solo Edward tendrá acceso porque es tu albacea, pero tu no tienes nada que hacer allá.

Me quedé helada, lanzó una caja al suelo. Dentro estaba el brazalete de mamá, el único recuerdo que tenía de ella. Cayó al piso y se partió.

Me arrodillé y lo recogí con las manos temblorosas. Se me partió el alma, Lloré sin poder evitarlo.

Edward se agachó a mi lado y me tocó el hombro.

—Vámonos —dijo con voz baja.

Me llevó al auto y no dijo nada en el camino. Solo manejó hasta su edificio.

Al llegar, me abrió la puerta.

—Descansa, tengo que hacer algo importante regresaré en la noche.

Asentí.

Cuando entré al departamento, cerré la puerta y fui directo a la habitación, pero me paralice

En la cama de Edward…

había una mujer desnuda, esperándolo.

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