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Capítulo 3

Autor: Edi Beckert
last update Data de publicação: 2026-01-14 08:50:14

CAPÍTULO 03

Don Antonio Strondda

Salgo de mis pensamientos cuando alguien entra en la sala VIP de la discoteca.

- ¿Estresado, mi Don? - Susany me pone las manos sobre los hombros. - He venido a ver si necesitas algo... - Lleva esa falda corta estilo estudiante que me encanta.

- Un poco... ¡Ni siquiera tú me quitarás el estrés hoy!

- Apuesto a que puedo hacer que te relajes... - dijo de forma sexy y pasó su mano por encima de mis pantalones.

- Hum... ¡buena mano, Susany! Pero hoy quiero estar solo. - Me acomodé en la silla.

- Aquí hay algo mucho más sabroso... - Vino otra vez con la mano y me enfadé.

- ¡Fuera, Susany! Si necesito tus golosinas, ¡te llamaré! - Hablé con más firmeza, pero intenté no enfadarme, porque mañana me levantaré temprano para ver a mi prometida y pienso estar de buen humor.

Ella volvió a su poli baile, y así me quedé mirando, por increíble que parezca, quiero pasar la noche con Fabiana, esa chica me intriga tanto.

.

Al día siguiente...

.

Me desperté y todavía estaba oscuro. Fui al jardín, porque cuando me enfado, las flores tienen el poder de calmarme.

En cuanto toqué la primera rosa, me acordé de ella... la recolectora que me hechiza con su delicadeza.

El suelo estaba frío, el sol ni siquiera había salido. Los pájaros se habían ido, y me relajé plantando los nuevos plantones que había separado ayer.

Coloqué con cuidado una de ellas en una maceta, cogí mi gorra y bajé por el camino hacia su casa, realmente cualquiera que me vea como Don, y me vea como soy ahora, si no me conoce lo suficiente, no me reconoce.

Desde la carretera podía ver un poco lo que pasaba allí arriba, porque su casa estaba en lo alto, casi como una colina, y había arbustos a los lados.

Sonreí de satisfacción cuando la vi, me estaba buscando, miraba a un lado y a otro, así que levanté la mano y me hizo una señal para que subiera.

La puerta estaba abierta, así que subí despacio. El lugar me pareció extraño... había bolsas enormes, unas diez... y al otro lado había un montón de bolsas de basura, y me pregunté cómo podía estar en esta vida una chica tan guapa y delicada.

- ¡Has vuelto! - Se acercó mucho. Hoy estaba más arreglada, no estaba sucia, y su pelo estaba en orden.

- ¡He venido a verte! Te he traído un plantón de rosa, es tan bonito como tú... - Se lo entregué y ella sonrió maravillosamente, pude ver dos hoyuelos en sus mejillas.

- ¡Dios mío! Qué bonito... ¿eres jardinera? - Sujetaba la maceta con cuidado y su delicada forma de moverla me hizo admirarla más.

- ¡Se podría decir que sí! - sonreí, disfrutando de la broma.

- Me parece un trabajo precioso, me gustaría hacerlo, ¡pero por desgracia no puedo! - Ella miró a su alrededor. - Si no te importa, tengo que seguir con mi trabajo, porque mi tío está a punto de despertarse y se pone furioso cuando me lío...

Me acerqué a ella y le cogí las manos.

- ¡Déjame buscar un sitio para la olla! - Vi que miraba fijamente mi mano encima de la suya, parecía avergonzada. - Tienes una piel suave... - La felicité y levanté mi mano hacia su cara y la toqué lentamente, notando que ella levantaba una ceja y no reaccionaba. - Lo siento, creo que te he manchado... - dije, tratando de limpiársela.

- No pasa nada. ¡Estoy acostumbrada a ensuciarme! - Disimuló apartándose y empezando a abrir una gran bolsa negra. Apoyé la maceta en una pared y la observé.

- ¿Qué haces? - metió la mano dentro de la bolsa de basura y me quedé asombrado.

- ¡Tengo que ver toda esa basura! - Señaló el exorbitante número de bolsas. - Y cuando termine, vendrá mi tío con el carrito y saldremos a recoger más... Bueno, en ese caso yo...

- Cielos... ¿y tienes que tocar estas cosas? ¿No tendrías que usar un guante?

- Sí... pero por desgracia mi tío no los compra... así que me las arreglo como puedo. Mira... tengo que clasificar el plástico, el cartón, el hierro y demás. La lista de materiales es larga y los que más dinero dan son el cobre que encontramos en los motores que tiran, y también los metales estropeados, sobre todo esos grifos viejos.

- ¿Así que tienes un sueldo? - bajó la cabeza, clasificando más deprisa. La vi echar los objetos de la bolsa de plástico en las otras grandes, clasificándolos.

- En teoría sería así, pero... - Me acerqué mucho a ella y le levanté la cara.

- ¿Qué te pasa?

- Mi tío no me paga nada.

- ¡No es justo!

- La vida nunca es justa... - Vi una lágrima corriendo por su mejilla.

- ¡Para! ¡Suelta esa basura, no puede obligarte! - Le aparté la bolsa y la abracé.

- No puedo...

- ¿Te está amenazando? ¿Te ha hecho algo? - Sentí que me hervía la sangre al pensar que la había tocado.

Levantó la cabeza para mirarme y seguía llorando. Parecía recordar algo.

- No... - se apartó de mí. - Es que tengo que trabajar, si no, no tendremos comida... - Disimuló y volvió a ponerse el bolso, retomando su trabajo. Cogió un grifo y esbozó una sonrisa mentirosa.

- Podría ser, ¡metal! No todos lo son, tenemos que frotarlo contra el suelo rugoso o pasarle un cuchillo por encima y ver si el color de debajo se vuelve amarillo. - Lo disimuló por completo.

- Así que si se vuelve amarillo, ¿es metal? - Estuve muy cerca.

- Sí... Voy a acelerar aquí, llego tarde...

- ¡Te ayudaré hasta que llegue a tiempo! - Lo dije sin pensar y sin saber cómo hacerlo, pero ahora ya está...

- ¿De verdad? ¡Vaya, qué mono eres! - Saqué otra bolsa y empecé a abrirla. - Pero no te molestes, puede que a mi tío no le guste...

- Cuando se despierte, saltaré la pared y me iré, ¡seguro que ni me ve! dije emocionada.

Ella sonrió, me explicó algunas cosas y yo la ayudé poco a poco. Cuando un objeto curioso cayó al suelo, ella se apresuró a recogerlo y, como yo me había agachado, nuestras caras quedaron muy cerca.

La ayudé a levantarse mientras nuestras miradas se encontraban. Tenía ganas de besarla, de tener su cuerpo junto al mío, de acercarme a ella... cada día parecía más hermosa y no veía la hora de que llegara el día de la boda y poder hacerla mía.

Me acerqué para besarla y vi que cerraba los ojos, iba a dejarme..., pero un ruido en el interior de la casa llamó mi atención y me aparté.

- ¡Creo que se ha despertado!

- ¡Me voy! ¡Espérame mañana! - Le contesté con un beso y ella puso cara de susto, se tapó la boca con la mano y salté por encima de la pared.

Antes de bajar, me escondí un poco para escuchar como la trataría su tío, porque aquella conversación me pareció extraña, y más las frases que escuché:

- Zorra, ¿has traído aquí a otro hombre? ¡Ya te lo he dicho! No quiero que nadie te bese por las esquinas, ¡ya tienes dueño!

- ¡No me hagas daño! ¡No fue mi culpa!

- ¡No te haré daño! Desgraciadamente pronto te casarás con el ricachón, ¡no puedo arriesgarme a que te devuelva!

- NO QUIERO A ESE TIPO ASQUEROSO, ¡LO SABES! ME DA PAVOR MIRARLO, NO DEJARÉ QUE SE ME ACERQUE. - Estaba furiosa. Además de su costumbre de traer hombres aquí, me odia, ¿le doy asco?

Me apoyé en la pared y bajé a los arbustos, porque no quería oír más.

Me sentía enfadada por dentro, y cuando llegué a casa fui a darme una ducha, pero empezó a empeorar y me dolía el pecho.

Tiré la botella de whisky contra la pared y se hizo añicos.

- ¡Dios mío! ¿Qué te ha pasado? - me preguntó Laura, pero yo no quise contestar.

- ¡Separa dos coches y seis soldados! ¡Pídele al ama de llaves que prepare algo de comida y la lleve a la dirección que te daré! - me miró fijamente.

Empecé a anotar la dirección en un papel y, en cuanto terminé, escribí una nota:

- "Nuestra boda ha sido reservada para el sábado, quedan tres días, ¡así que date prisa en recoger tus cosas, y envía tu documento por los soldados! Espero que ese día me digas la verdad, ¡porque el sábado sabré si tengo que matar a alguien!".

- ¿Qué es eso? - preguntó Laura.

- No estoy dispuesto a responder preguntas, ¡voy a practicar tiro!

Le di la espalda, cogí mi pistola y salí a disparar, para aliviar el estrés.

Llamé a la discoteca y les pedí que trajeran a Susany, me sacaría a esa asquerosa de la cabeza.

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