FAZER LOGINCuando Anthony se alejó, Isadora sintió una mirada escalofriante posarse sobre ella. Giró lentamente, y allí estaba él.
Mateo Delacroix, apoyado contra la pared en un rincón poco iluminado, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. «¿Nos habrá visto?» se preguntó. —Joven amo… —Quiso explicarse para no generar un malentendido, pero las palabras no salían de su boca. Mateo salió de la oscuridad. La luz que se colaba por las ventanas iluminó su cabello negro, haciéndolo brillar por un instante. Sus ojos azules, fríos y penetrantes, se clavaron en Isadora con una intensidad que la hizo contener el aliento. Isadora dio un paso atrás, pero no bajó la mirada. Tampoco iba a demostrar miedo delante de él. Mateo Delacroix era el hermano menor de Anthony, asignado como su asistente para cuando heredara la empresa de su padre. —No me interesa con quién juegue mi hermano mayor, tranquila —sonrió de lado, sin darle importancia. Isadora sintió un dolor agudo en el pecho. Él iba a pasar de largo, como si no hubiera visto nada y ella no existiera. Sin embargo, antes de que pudiera alejarse, Isadora alzó la mano y lo detuvo, aferrándose a su brazo con una mezcla de desesperación y rabia. Mateo se detuvo en seco. Su mirada bajó lentamente hasta su mano, luego subió a sus ojos. —Discúlpeme, pero Anthony no está jugando conmigo —le dijo, con los dientes apretados—. Hablar mal a espaldas de su hermano está mal. Mateo se soltó de su agarre sin violencia. Lo que hizo Isadora era una falta de respeto, y no la regañó porque le parecía interesante. —¿Eso es lo que piensas? —se mofó—. Mi hermano no es de fiar. No deberías confiar ciegamente en él, porque terminarás herida. Isadora tensó aún más la mandíbula. —¿Por qué hablas mal de tu propio hermano? Son familia —inquirió, confundida—. Y la familia tiene que apoyarse… sé que no soy quién para decirte esto... —Sé por qué lo hago. No te arrepentirás de haber confiado en mí —aseveró—. Hazme caso y aléjate de él antes de que sea demasiado tarde. —Usted no sabe lo que dice… —Te acordarás de mí cuando Anthony te enseñe su verdadera personalidad —comentó, sin expresión alguna—. Él se preocupa más por sí mismo, por nadie más… —¡Ya basta! Usted es muy cruel. —¿Yo? ¿Cruel? Lo único que intento hacer es advertirte, señorita, pero veo que eres incapaz de creerme —dijo. —Joven… —Podría hacer que te despidan por haberme tocado sin mi consentimiento, ¿sabes? Isadora se horrorizó. —Pero no lo haré, tranquila —añadió, con una sonrisa burlona. Isadora observó cómo Mateo se alejaba, con un andar firme y distante, sin mirar atrás. Sintió una punzada de frustración en el pecho. Era la primera vez que cruzaban más de cuatro palabras… y había sido solo para hacerla sentir pequeña. Apretó los labios, conteniendo la rabia y la vergüenza. —Con razón Anthony dice que es un imbécil… —murmuró para sí misma, sin saber si lo decía por despecho o porque necesitaba que al menos uno de los hermanos fuera el villano. (...) Al día siguiente, Isadora estaba de pie junto a la mesa del comedor, justo donde se le había asignado. Tenía ambas manos entrelazadas frente al delantal y la espalda recta. La familia Delacroix ocupaba sus lugares con elegancia, padre e hijos. Ella esperaba órdenes, como su trabajo lo dictaba. Aunque sentía miedo de que Anthony hablara sobre su relación. O peor aún, que Mateo lo hiciera. —¿Dónde está Élodie? —preguntó Jean, un hombre canoso y viudo—. Pensé que ya estaría aquí. —Llegará en unos minutos —respondió Anthony, revisando el celular—. Me ha dicho que hay mucho tráfico. Mateo miró de reojo a Isadora. Ella sintió escalofríos en todo el cuerpo. Había algo en su mirada que no lograba descifrar… ¿decepción… o interés? Él movió los labios, formulando unas palabras mudas que ella no alcanzó a entender. Frunció el ceño, confundida. Entonces, la puerta del comedor se abrió. Élodie apareció envuelta en un vestido radiante, de un rojo profundo que destacaba su figura. —¡Me disculpo por la tardanza! Es un honor poder conocerlo formalmente, señor Jean Delacroix —Hizo una reverencia por el respeto que le tenía—. Espero ser bienvenida en esta familia. Todos bajaban la cabeza cuando él estaba presente. El padre de Anthony y Mateo, el señor Delacroix, era el dueño de Etoile Royale, el imperio hotelero más aclamado del mundo, símbolo de lujo, poder y perfección inalcanzable. Las mujeres suspiraban por casarse con uno de sus hijos, no por amor, sino porque eran los herederos de una fortuna legendaria, sobre todo Anthony, el mayor. Futuro CEO de la empresa. —Siéntate, por favor —ordenó Jean. Élodie tomó asiento junto a Anthony y lo miró con dulzura, cosa que molestó a Isadora. ¿Por qué le lanzaría ese tipo de mirada? ¿Ellos dos tenían algo? Era imposible, si Anthony la había besado el día anterior… Isadora inhaló hondo, confiaba plenamente en las promesas que le había hecho Anthony semanas atrás: me casaré contigo. Estaremos juntos para siempre. Te amo, eres la única con la que quiero estar. —Padre, quiero presentarte a la mujer con la que me pienso casar —anunció, sostuvo la mano de la rubia—. Élodie Beaumont. Una mujer de apellido influyente, que posee millones. Juntar a nuestras familias solo nos volverá más poderosos de lo que somos. Isadora parpadeó. —Llevas meses pidiendo que me case —añadió Anthony, con la voz tensa—. Es tu condición para que yo pueda heredar tu puesto, ¿no? El silencio cayó como un manto sobre la mesa. Isadora sintió que el mundo se le deslizaba bajo los pies. Palideció. Le costaba respirar. —¡¿Te vas a casar?! —exclamó sin pensar, la voz le salió atropellada. Se cubrió la boca de inmediato, horrorizada por su propia osadía. Todos se giraron a ver a la sirvienta. El señor Delacroix frunció el ceño. Anthony la miró con una mezcla de sorpresa y confusión. Mateo, en cambio, no apartó la vista de su plato, ya sabía lo que iba a pasar durante esa cena. Isadora deseó desaparecer, pero ya era tarde. En esa casa, una sirvienta no tenía derecho a interrumpir una conversación importante como esa.Isadora se miró por última vez en el espejo y casi no reconoció a la mujer que le devolvía la mirada. Llevaba puesto un vestido de novia de estilo princesa con miles de cristales bordados a mano que parecían estrellas. Para ella, era como llevar la armadura de una reina que había conquistado su propio reino.Unos minutos después, a cada lado, Andrea y Solange le daban el soporte emocional que necesitaba. Cada una agarraba un brazo de Isadora para llevarla al altar. Solange tenía el rostro húmedo por las lágrimas que no dejaba de derramar.—Lo siento, cariño. De verdad, perdóname... es que estoy demasiado emocionada por este momento —sollozó Solange—. Verte así, tan fuerte y hermosa... es más de lo que alguna vez me atreví a soñar para ti.—No tienes por qué llorar, Solange —respondió Isadora, con una sonrisa.Andrea también la miró con un orgullo que le apretaba el pecho.—Vas a casarte, Isadora... y lo haces siendo la mujer más reconocida y respetada de todo el país.Isadora s
La tierra golpeaba el ataúd de Anthony mientras Mateo e Isadora lo veían sin ninguna pizca de sentimentalismo. El entierro fue rápido, bajo un cielo gris que anunciaba una posible lluvia. El grupo que acompañó a Mateo solo estaba conformado por: Mateo, Lisa, Isadora, Andrea, Karina y Gustavo. Nadie más. Anthony alguna vez se movió entre la alta sociedad y las fiestas más exclusivas de la ciudad, y aún así, terminó su viaje en soledad. Élodie también se había enterado de la noticia, pero el dolor y el rencor hacia Anthony seguían demasiado frescos como para permitirle asistir, prefirió quedarse en casa, cerrando su propio duelo en privado.Mateo estaba con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el horizonte, donde las nubes empezaban a volverse grandes . Isadora lo observó de reojo, sin saber qué estaba pensando.—¿Estás bien? —preguntó ella, con suavidad. Isadora sabía que la mente de Mateo estaba en otro lugar, específicamente en la habitación del hospital donde Jean De
-¿Cómo que Anthony fue asesinado? -La pregunta de Isadora quedó flotando. No podía creerlo. Nadie en la habitación podía terminar de procesar la noticia. El juicio de Anthony estaba programado para el próximo mes y era el evento que todos esperaban para cerrar de una vez por todas ese capítulo oscuro de sus vidas. Anthony seguía tras las rejas, en una celda de máxima seguridad y supuestamente custodiado por un grupo policial estricto. Se suponía que estaba protegido, pero por lo visto, esos muros eran de papel frente al poder de la mafia.Gustavo apretó los puños aún más debido a la impotencia que sentía respecto a lo sucedido.-La policía no pudo hacer absolutamente nada -explicó, con una mezcla de rabia y resignación-. Lo hicieron en la madrugada, aprovechando el cambio de turno y los pocos guardias que custodia las celdas a esa hora. Mataron a los pocos hombres que custodiaban el lugar y al oficial que estaba en la recepción. Fue una ejecución masiva y sigilosa con el objetiv
Unas semanas después de los intensos eventos que casi acabaron con la vida de Isadora, ella había regresado a casa. Sin embargo, el descanso fue breve porque su ausencia prolongada había provocado un efecto dominó en la empresa, acumulando una montaña de documentos, contratos y estados financieros que requerían su firma y sobre todo, su revisión. Andrea Moreau se encontraba con su hija en la oficina de la mansión, rodeada de carpetas, tratando de ayudarla.—Lo lamento mucho, cariño —dijo, con cansancio, mientras le pasaba un informe—. Hice todo lo que pude para no dejarte tanto trabajo acumulado cuando volvieras, pero hay decisiones que solo tú, como cabeza de estos proyectos, puedes tomar. Siento que te estoy recibiendo muy mal...Isadora le dedicó una sonrisa, acomodando las carpetas que estaban sobre la mesa.—No te preocupes, mamá. Puedo con todo esto y mucho más. Estar fuera me dio los ánimos que necesitaba, y ahora mismo siento que tengo la energía de diez personas después d
Isadora abrió los ojos lentamente, sintiendo una pesadez abrumadora en los párpados y un dolor punzante dentro de su pecho que se extendía hasta el hombro. La luz encendida de la habitación le permitió enfocar la vista.Lo primero que vio fue a Mateo. Estaba sentado en una silla de plástico con la cabeza apoyada de forma incómoda sobre el borde de la cama. Sus hombros estaban tensos, y su respiración era irregular. Isadora desvió la mirada hacia el reloj de pared, donde las manecillas marcaban las tres de la mañana. Una oleada de ternura la invadió al darse cuenta de que él no se había movido de su lado en todo ese tiempo.-¿Mateo? -susurró, con la voz quebrada y seca.Su reacción fue instantánea. A pesar de estar consumido por el agotamiento, sus sentidos estaban en alerta máxima para estar pendiente del más mínimo movimiento de la mujer que amaba. Mateo se enderezó de un salto, parpadeando para disipar los restos de sueño.-¡Isadora! -exclamó, con el rostro desencajado por la m
—¡Soy su madre, doctor! —exclamó Andrea, abalanzándose hacia él—. Dígame que mi hija está estable, por favor. No me dé malas noticias, se lo suplico. Estoy muy preocupada por ella... yo no... El médico suspiró, guardando su tapabocas dentro del bolsillo de su bata blanca.—Isadora llegó en un estado muy crítico —comenzó, haciendo que el corazón de Mateo diera un vuelco y todos lo vieran con horror—. Sin embargo, puedo decirles que la cirugía fue todo un éxito y ella está fuera de peligro.Un suspiro de alivio por parte de todos los presentes disipó la asfixiante tensión del ambiente. Andrea se llevó las manos al rostro, rompiendo en un llanto de puro agradecimiento, mientras Mateo cerró los ojos, sintiendo que el peso que aplastaba su pecho se iba.Estaba tan agradecido. —¿Cómo está ella realmente? —preguntó Mateo, con la voz exigente, acercándose al médico.—Necesita mucho reposo para poder recuperarse —explicó el doctor—. La bala perforó tejido muscular profundo en la zona de







