MasukSamira observaba desde la ventana de la casa mientras Alister y los demás miembros de la manada partían hacia la empresa.
Decidida a no ser una carga, comenzó a ofrecer su ayuda en las tareas diarias. Aunque al principio los sirvientes se mostraron reticentes, poco a poco fueron aceptando su presencia y disposición. Samira ayudaba en la cocina, limpiaba y aprendía sobre las costumbres del hogar. Sin embargo, lo que más le llamaba la atención eran los hijos de algunas sirvientas. Eran cachorros, pequeños lobeznos que correteaban por la casa y llenaban el ambiente de risas y juegos.
Samira se agachaba para jugar con ellos, sintiendo una ternura que le calentaba el corazón. Los cachorros se encariñaron rápidamente con ella y Samira se encontraba riendo y correteando con ellos por toda la casa. En esos momentos, los problemas y preocupaciones parecían desvanecerse.
Además de los cachorros, Samira también observaba cómo algunos de los sirvientes se transformaban. Lo hacían con una naturalidad que le resultaba asombrosa, como si cambiar de forma fuera tan sencillo como cambiarse de ropa. Dentro de la casa, los sirvientes podían convertirse en lobos, liberando su naturaleza lobuna en un entorno seguro. No había cámaras de seguridad por la misma razón, evitando que quedaran registradas sus transformaciones y logrando que nadie pudiese acceder a su secreto ni siquiera por error.
Alister también tenía momentos en los que necesitaba escapar. En varias ocasiones, Samira lo había visto salir en la noche y regresar en horas de la madrugada con un aire de tranquilidad restaurado. Sabía que se transformaba en lobo e iba al bosque para caminar y pensar, liberándose del estrés de su posición y responsabilidades. Fue precisamente durante una de esas caminatas nocturnas que Alister la había encontrado herida. El recuerdo de ese encuentro todavía le parecía irreal a Samira, un momento que marcó el inicio de su convivencia con este mundo de lobos.
Cierto noche, Samira y Alister se encontraban sentados en la oficina dentro de la residencia. Alister rompió el silencio primero, con una voz suave pero firme.
—Samira, ¿qué es lo que tienes en mente? ¿Cuál es tu plan para vengarte de tu esposo?
Ella tomó un profundo respiro antes de responder.
—Norman es un hombre muy ambicioso. Venimos del pueblo y nos mudamos a la ciudad porque él creía que allí no podría alcanzar el éxito que tanto deseaba. Yo lo seguí, dejando mi propia vida para apoyarlo y alentarlo a cumplir sus sueños. La mejor manera de vengarme es destruir todo aquello que él valora. Quiero hundirlo, que quede incluso peor de lo que estaba en el pueblo. En realidad, él vivía bien allí, pero su codicia por más poder lo cegó. Quiero verlo caer, que se convierta en nada, incluso en alguien con menos valor que yo.
Alister se inclinó hacia ella, tomando su mano con una ternura inesperada. Al principio, Samira siempre retrocedía por impulso cuando el Alfa intentaba establecer contacto físico con ella. Sin embargo, poco a poco, fue familiarizándose con él y su toque ya no la incomodaba.
—Samira, no te compares con ese sujeto. Los humanos pueden ser frágiles y volátiles, pero alguien como él que intenta asesinar a su esposa por otra mujer, no merece ser llamado humano. Es un cobarde, se burló de ti. No merece piedad. Por lo tanto, estoy decidido a ayudarte a hundirlo. Pero necesito saber, ¿quién es él?
Samira apretó suavemente la mano de Alister, buscando fortaleza en su contacto.
—Se llama Norman Carter. Trabaja en tu empresa, Between the Clouds, como asesor de ventas.
Alister frunció el ceño, intentando recordar. En la empresa, recursos humanos tenía la responsabilidad de contratar nuevos empleados, de esta forma el Alfa ponía atención en otros asuntos. Between the Clouds era tan inmenso que muchos de los empleados no se llegaban a cruzar con el presidente. Era muy difícil encontrárselo por simple casualidad.
—Voy a investigarlo. Necesito saber más sobre él. No solo sus pasos actuales, sino también su vida pasada. Necesito conocerlo a fondo.
Samira asintió.
—Yo puedo decirte mucho sobre su vida en el pueblo.
—Claro, te escucharé con gusto. Pero también enviaré a alguien a investigar. Es probable que haya cosas que ni siquiera tú sepas.
—Tienes razón —respondió Samira—. A estas alturas, ya ni siquiera puedo decir que lo conozco.
Días después, los resultados de la investigación llegaron. Alister revisó los documentos con una expresión seria.
—Norman Carter, 28 años. Criado en un pueblo con una educación promedio. Su madre lo crió sola, el padre se fue de la casa cuando Norman aún era un niño. Sin hermanos, es hijo único. Pudo ir a la universidad gracias al esfuerzo de su madre. Todo esto ya me lo dijiste tú.
Samira asintió, confirmando la información.
—Norman era un consentido. Él sí pudo estudiar una carrera, pero para las mujeres, la vida en el pueblo es más difícil. Estamos destinadas a convertirnos en amas de casa y nada más. Era por ello que la madre de Norman no me aceptaba, no quería que su hijo se quedara conmigo porque pensaba que podía conseguir a alguien mejor.
—Bueno, precisamente descubrimos que está organizando una boda, pero no se pudo descubrir la identidad de la novia. Incluso intentamos obtener información en el registro civil, pero se negaron a dar detalles, lo cual es sospechoso. Parece que Norman quiere casarse rápidamente y en secreto.
Samira se enderezó, tomando una decisión instantánea.
—Quiero asistir a esa boda. Norman cree que estoy muerta y por eso está tan confiado en que puede casarse sin problemas. Quiero presentarme allí y arruinar sus planes. Quiero que vea que fracasó y que yo sigo viva. Mi mera existencia será una prueba de su cobardía y maldad. Quiero que tema mi presencia, que no pueda dormir sabiendo que estoy aquí.
Alister la miró con admiración y un toque de preocupación.
—Te apoyaré en tu decisión. Sin embargo, no aceptaré que vayas sola. Es muy arriesgado, no sabemos cómo vaya a reaccionar tras saber que estás sana y salva. Si me lo permites, me presentaré contigo en esa boda como tu esposo.
—¿Como… mi esposo? —lo miró sorprendida.
—Necesitas a alguien que te respalde y él no se atreverá a hacerte ningún daño si actúo como si fueras… mi mujer.
Samira sonrió levemente, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una chispa de esperanza.
—Te lo agradezco —manifestó con dulzura—. En verdad, gracias por cuidar de mí.
*****
El día de la boda llegó y Samira y Alister se presentaron en el pequeño pero elegante salón de bodas. No había muchos invitados, lo cual hacía que fuera evidente el objetivo de Norman: Quería que la boda pasara desapercibida. Samira llevaba un vestido blanco, ajustado al cuerpo y sumamente elegante. Alister, impecable en su traje, llevaba a Samira sosteniendo su brazo. Ella no pudo reconocer a nadie en aquel salón, supuso que eran amigos que hizo Norman en la ciudad.
—Voy a ir un rato al tocador —dijo Samira.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó él.
—No, estaré bien —respondió, tratando de transmitir una seguridad que apenas sentía.
Alister asintió, respetando su deseo, y se dispuso a esperarla entre los invitados. Mientras tanto, Samira caminó lentamente hacia el tocador. Estaba un poco nerviosa, pues no tenía idea de qué sucedería una vez que Norman la viera.
En ese momento, uno de los camareros la vio y, confundiéndola con la novia, corrió hacia Norman, quien estaba tratando de calmar a su madre en un rincón y escondiéndose de sus invitados.
—¡Señor Carter! Su prometida ya llegó. Entró al tocador —informó el camarero.
Norman sintió un alivio abrumador, mezclado con ansiedad. Había estado esperando a su novia durante más de media hora, tratando de mantener la calma y tranquilizando también a su madre. Sin perder tiempo, se dirigió hacia el tocador.
Samira salió y comenzó a caminar hacia el salón principal. Justo antes de llegar, Norman la tomó del brazo.
—¿Por qué te tardaste tanto? —cuestionó, asumiendo que se trataba de la novia.
Samira se giró lentamente para mirarlo. Sus ojos se encontraron, y en ese momento, la realidad golpeó a Norman como un rayo. Su rostro palideció, convirtiéndose en una sombra de su habitual semblante seguro. Su boca se abrió en una mueca de incredulidad y sus ojos se agrandaron, reflejando el horror absoluto que sentía al ver a su esposa, quien creía muerta, viva y ante él.
El sol se alzaba sobre las tierras del Clan, bañando todo con su luz dorada. La brisa fresca de la mañana traía consigo el aroma del bosque, mientras el sonido de risas resonaba en los jardines de la casa. Samira, Alister y su hijo Kael caminaban juntos, disfrutando de la tranquilidad que tanto les había costado alcanzar.Kael, un niño de cabello pelirrojo y ojos brillantes, corría entre las flores, riendo mientras su madre intentaba atraparlo.—¡Mamá, no puedes alcanzarme! —gritó con diversión.Samira entrecerró los ojos con una sonrisa traviesa y, en un rápido movimiento, se lanzó hacia él, atrapándolo en sus brazos. Kael estalló en carcajadas mientras su madre lo llenaba de besos en la mejilla.—Siempre te atraparé, pequeño lobo —dijo Samira, apretándolo contra su pecho.Alister los observaba con una sonrisa y con los brazos cruzados sobre su pecho. Su corazón se llenaba de orgullo y amor al ver a su familia así, feliz y sin preocupaciones. De pronto, caminó hacia ellos y envolvió
Los días siguientes en el pueblo fueron como un respiro después de toda la tormenta. Samira y Alister pasaron tiempo juntos, disfrutando de la tranquilidad del campo, lejos de los problemas y las responsabilidades que los esperaban en la ciudad.Por las mañanas, Samira se despertaba con la luz del sol filtrándose por la ventana, el canto de los pájaros y el suave aroma de la tierra húmeda. A veces, cuando abría los ojos, encontraba a Alister ya despierto, observándola con una expresión de pura adoración.—Nunca me cansaré de verte dormir —manifestó él, con una sonrisa traviesa.Samira, aún somnolienta, le lanzó una mirada perezosa antes de darse la vuelta en la cama, fingiendo ignorarlo. Pero él no se lo permitió. Se inclinó y le dejó un beso en la mejilla, otro en el cuello, y pronto Samira estaba riendo y rindiéndose ante sus caricias.Las mañanas en el pueblo se sentían ligeras y apacibles. Desayunaban juntos en la casa de su madre, quien los observaba con cierta ternura mientras s
Samira despertó con lentitud, sintiendo su cuerpo pesado, como si una corriente de energía aún vibrara en su interior. Parpadeó varias veces, tratando de despejar la sensación de letargo que la envolvía. La luz tenue de una lámpara iluminaba la habitación, revelándole un entorno familiar: el dormitorio de su madre.Las mantas estaban suaves sobre su piel, y un aroma cálido y reconfortante llenaba la atmósfera. Por un momento, su mente estaba confusa y los recuerdos andaban dispersos como hojas arrastradas por el viento. Pero entonces, un dolor punzante en su hombro la hizo fruncir el ceño. Llevó los dedos a la zona y sintió la piel sensible, caliente… la marca.De pronto, todo volvió a ella: la luna, el calor abrasador de la conexión, la intensidad de lo que había sentido antes de que su conciencia se desvaneciera.—Despertaste.La voz de Alister la sacó de sus pensamientos. Su mirada se desvió hacia él, sentado al borde de la cama, quien la observaba con alivio. Llevaba la ropa arrug
Después de entregarse el uno al otro bajo la mirada silenciosa de la luna y el fulgor de las estrellas, Alister y Samira permanecieron juntos, envueltos en el calor compartido de sus cuerpos. Sus ropas los cubrían a medias, protegiéndolos del fresco de la noche, pero ninguno sentía frío. Estaban demasiado absortos en el roce de sus pieles, en la forma en que sus cuerpos aún temblaban por el placer y la emoción de haberse reencontrado de la manera más íntima.Alister acariciaba la espalda de Samira con la yema de los dedos, dibujando círculos suaves sobre su piel desnuda. Ella, con la cabeza apoyada en su pecho, escuchaba el latido fuerte y rítmico de su corazón. Enredó sus piernas con las de él y levantó el rostro para mirarlo. Sus labios aún estaban hinchados de tanto besarse y su cabello revuelto caía en suaves ondas sobre sus hombros.Él la observó con adoración, inclinándose para rozar su nariz con la de ella antes de volver a besarla, dándole un beso lento, perezoso, que solo ref
Alister hizo una pausa, observándola con intensidad.—Cambiaste mi vida, mi manera de ver las cosas. Me hiciste conocer el amor.Samira sintió que su pecho se llenaba de una calidez indescriptible.—Un amor real. Un amor leal. Un amor que me hizo creer en mí mismo, que me hizo querer ser mejor…Ella tragó saliva, conmovida.—Nunca antes había sentido algo así por nadie.Alister tomó su mano con firmeza y la apretó contra su pecho, justo donde su corazón latía con vehemencia.—Y debido a este lazo que nos une… nunca me ha importado nadie más.Se inclinó ligeramente hacia ella, sin apartar sus ojos de los suyos.—Ni antes, ni ahora… ni en el futuro —declaró—. Tú siempre serás la única para mí.Samira sintió que se le erizó la piel y sus labios temblaron antes de que pudiera hablar.—Eso quiere decir que…Alister sonrió suavemente.—Eso quiere decir que te amo, Samira. Lo he hecho siempre… y lo seguiré haciendo hasta el último aliento de mi vida.Las palabras de Alister la envolvieron co
Alister parpadeó, aún en silencio, con la expresión completamente seria, pero en su mirada había algo diferente. Algo que Samira no podía identificar del todo, pero que le revolvía el estómago.—Desde la primera vez que nos vimos, desde que nos conocimos, tú siempre estuviste ahí para mí. No hiciste más que apoyarme, cuidarme y defenderme… incluso cuando yo no quería tu protección.Un amargo recuerdo cruzó su mente. Hubo momentos en los que lo rechazó, en los que lo alejó con palabras crueles, con actos impulsivos, porque en su corazón todavía había resentimiento. Pero Alister nunca se rindió.—Hemos tenido muchos problemas, lo sé, y las cosas no salieron como esperábamos. Pero ahora… ahora todo es diferente.Sus dedos se apretaron entre sí. Se sentía vulnerable, como si cada palabra que salía de su boca la dejara completamente expuesta. Pero ya no quería esconderse.—No te lo he dicho antes, pero… cuando me llegaban tus cartas, cuando recibía las flores y esos pequeños detalles que s







