FAZER LOGINEmilia Morgan
—¿Qué se sabe de la familia del jefe de la Mafia Negra?—pregunta el Coronel —Es una familia de no más de cinco miembros, tres hijos y su esposa, no es tanto. El tema es que no tenemos nada que pudiera unir algún lazo con ellos. Prácticamente se los traga la tierra y los deja salir solo para generar caos—dice el Capitan Jones —¿Y los hermanos?—pregunta un general —No hay mucho—responde Harrison—. Solo sus fechas de nacimientos y hay muchas personas que hayan nacido esos mismos días. —¿Los hijos qué tal?—propone un Teniente —De los hijos no se sabe demasiado—intervengo—. Solo fechas, he investigado pero hay de todo el mundo, nadie sabe con exactitud dónde nacieron cada uno y por sus movimientos que hacen continuamente es difícil saber una ubicación exacta. —¿Última ubicación exacta?—pregunta el Coronel —Florida—responde Smith—. Fue la última localización donde se vieron miembros involucrados con el jefe de la Mafia Negra, se suponía que iban a hacer una especie de reunión. —Investiguen toda posible información de Florida y sus cercanías que una a la Mafia Negra, esto debe de detenerse—dice el Coronel Da una orden para retirarnos y todos salimos de la gran sala, camino hacia mi puesto de trabajo pero un llamado me detiene. —Teniente Morgan, realice la investigación a los hijos de la Mafia Negra—me ordena el Capitán Jones—. Lo quiero en dos días —¿Dos días?—pregunto ya molesta El que me diera órdenes me molestaba, pero empeoraba que quisiera presionar en las órdenes. —Si, ¿algún problema?—pregunta Forzó una sonrisa tratando de no pensar en la mil manera que podría asesinarlo. —No, ninguno—me volteo para irme a mi lugar de trabajo—. Bastardo ••••••••••••••• Aparco de golpe frente a la bodega, tenía una ira en mi cuerpo recorriendo cada parte, odiaba las órdenes y apenas podía tolerar que me dijeran que hacer. Bajo del auto y camino a la bodega, entro quitando la chaqueta de mi cuerpo y me dirijo a la sala de entrenamiento. Al entrar pille a mis hermanos en pleno combate. —¿No estabas trabajando?—pregunta Jared Scarlett le mete una patada en la pierna arrastrándolo al suelo, cae de golpe al suelo y se queja. —Gane—sonrió Scar —Fue trampa—dice Jared —Fue justo, no debes de desconcentrarte—le digo mientras me acerco al saco de boxeo. Doy un golpe sintiendo dolor en mis nudillos pero eso no hizo que me detuviera. Golpeo tratando de disminuir la ira en mi interior, Scarlett empezó un nuevo combate con su gemelo. Imagino el rostro del Capitán en el saco de boxeo y la ira aumenta en mi interior provocando que golpee con más fuerzas el saco. Le doy una patada provocando que caiga al suelo y mis hermanos me miran sorprendidos ante mi arrebato. —¿A quién carajos vas a matar?—pregunta Scarlett —Posiblemente al estúpido Capitan—bufo mientras quito el sudor de mi rostro—. Maldito hijo de perra arrogante que cree que puede darme órdenes como si fuera su esclava, se las ve de superior solo por tener un rango más arriba que el mio pero no sabe que tengo más poder que él y toda su puta justicia de m****a. —Okey—Jared me mira—. Emilia diciendo más de dos groserías en una solo frase es algo alarmante La puerta de la sala se abre y entra papá junto mi tío, ambos me miran. —¿No deberías de estar en tu comando? —pregunta papá —Estando ahí solo aumenta mis ganas de meterle diez balas en el culo a Nicholas y perforar su cerebro si es que me sobran balas—le sonrió a papá —¿Qué ha hecho?—pregunta mi tío —El gran hijo de perra me dio órdenes, se cree la gran cosa solo por ser mi capitán y tener un poco más de poder que yo pero lo que no sabe es que tengo más poder que él y toda la puta rama judicial que existe en este jodido planeta—me desahogo por segunda vez —Vez—Jared me señala mientras mira a papá—digna hija tuya —Jared, voy asesinarte—doy un paso hacia el —Alto ahí—papá interfiere—. Nadie acá se va a asesinar, somos familia, ¿Lo olvidan? —No—respondemos —La familia es intocable—dice tío Chris Jared me da una sonrisa burlona y no dudo en clavar mi rodilla en su polla. Se encoge de dolor y sonrió de lado. —Emilia—papá me da una mirada seria —Agradece que no le corte la polla—le digo •••••••••••••••• Nicholas Jones Aparco frente al edificio mientras dejo escapar una bocanada de aire, estaba cansado y el caso de la Mafia Negra no ayudaba demasiado. Bajo del auto y caminó hacia las escaleras, subo al tercer piso y caminó hacia mi puerta, al entrar al pequeño apartamento el ruido del canal infantil con la voz de mi madre me hacen una pequeña sonrisa. —He llegado—anunció Dejó la chaqueta en el perchero mientras me dirigía a la pequeña sala dejándome ver la silueta de mi hijo de tres años. Le sonrió mientras que él caminaba hacia mi para que pudiera cargarlo. —¿Qué tal campeón?—pregunto mientras lo cargo —Hola, papi—me sonríe —¿Cómo te has portado el día de hoy?—le pregunto —Ben—responde —¿Cómo te fue el día de hoy hijo?—pregunta mi madre Le doy una pequeña sonrisa. Su cabello rubio en forma de melena estaba algo despeinado, de seguro estaba jugando con mi hijo. —Normal—respondo —¿Quieres comer?—pregunta —Aún no madre, gracias—le sonrio Ella asiente mientras vuelve a su tejido. Mi madre era una señora de casi ochenta años, a pesar de ya ser una adulta mayor ella se mantenía saludable y aún con energía para poder encargarse de un niño de tres años. Miro a mi hijo que me miraba con sus ojos miel que me recordaban a su madre, su cabello rubio caía por sus cejas dando el aviso que debía de llevarlo para que se lo recortan un poco. Fui padre cuando sólo tenía veinticuatro años, casi los veinticinco, aún no había acabado mi carrera como detective para la FBI cuando mi novia había quedado embarazada. Fue complicado todo, no trabajaba en ese momento porque mi madre me pagaba mis estudios con la residencia de la universidad. Cuando Liam nació tuve que empezar a trabajar para poder mantenerlo junto a mi novia, ella tenía dinero guardado en una cuenta la cual nos ayudó por dos meses mientras que podíamos tener una sostenibilidad económica. Habíamos logrado rentar un pequeño piso donde vivir y mi madre me ayudó bastante los primeros meses. Pero cuando Liam tenía ocho meses su madre falleció luego de un accidente automovilístico que sufrió. Jessica, su madre, la había conocido cuando ella asistió por primera vez a la universidad, en ese instante yo tenía sólo veintiún años y estaba en mi tercer año de carrera. Empezamos a ser novios casi medio años después de conocernos y quedó embarazada de mi al casi tercer año de nuestra relación, tenía apenas veinte años y estaba asustada. Recordaba perfectamente la vez que me lo dijo. <Emilia MorganCuatro meses después.Nunca pensé que me temblarían las manos por algo que no fuera una pistola.Y sin embargo, ahí estaba. Frente al espejo, con un vestido blanco que Scarlett había elegido con lágrimas en los ojos y un peinado demasiado delicado para una mujer que había sobrevivido al infierno.Mis dedos no dejaban de apretar el borde del tocador.—Estoy nerviosa —dije en voz alta, como si confesarlo lo hiciera menos real.Scarlett me miró desde el otro lado de la habitación, con Axel dormido en sus brazos. Liam jugaba en el pasillo con una flor en la mano, repitiendo sus líneas como pequeño portador de anillos.—Nunca te había visto así —dijo mi hermana, con una sonrisa suave—. Ni siquiera cuando tenías una orden de asesinato encima.—Porque esto es diferente —murmuré, llevándome la mano al pecho—. Cuando me casé con Sebastián… lo hice para huir. Para tener paz. Y aunque lo quise, aunque fue bueno conmigo... era como casarme con la idea de que yo no podía tener más qu
Narrador OmniscienteNicholas se encontraba en la sala de estrategias del ala este del complejo Morgan. A su alrededor, los jefes regionales de Nueva York, Miami, Bogotá, Caracas y Sicilia. Hombres y mujeres de poder, algunos leales… otros observadores.Él, firme, sin su uniforme del FBI, pero con la autoridad que había demostrado una y otra vez desde su llegada.—Las decisiones pasan por mí ahora —dijo, sin rodeos—. Pero ninguna orden será contraria a lo que Emilia ha construido. No estamos cambiando el sistema. Solo reforzándolo.Un silencio tenso siguió. El jefe de Bogotá, Delgado, cruzó los brazos.—¿Y cómo sabemos que tus lealtades no siguen dividas?Nick lo miró directo a los ojos.—Me entregué. Fui torturado. Estuve dispuesto a morir por esta familia. ¿Tienes idea de lo que eso significa?Delgado bajó la mirada. Nick prosiguió:—Ella lleva a nuestro hijo en su vientre. ¿Creen que arriesgaría eso? Voy a hacer este imperio aún más fuerte. Pero cualquiera que desafíe a Emilia, aún
Emilia MorganEstoy en el segundo mes y, aunque parezca extraño decirlo, cada día siento que esta pequeña vida dentro de mí me hace más fuerte y más vulnerable a la vez.Las náuseas aún me golpean sin aviso. A veces, el simple olor del café me revuelve el estómago, y eso me frustra más de lo que esperaba. Pero aprendo a escuchar mi cuerpo, a darle lo que necesita y a respetar sus límites, aunque eso signifique rendirme a la calma más de una vez.Mi abdomen aún no muestra señales, pero yo sé que algo está ahí, latiendo, creciendo. Es un recordatorio constante de que esta vez no solo lucho por mí, ni por Nick, ni por Liam, sino por alguien que aún no conozco, pero que ya amo con todo mi ser.A veces me pregunto qué tipo de madre seré. Si podré protegerlo como a los míos, si podré darle la paz que nunca tuve. No puedo evitar sentir miedo, ese miedo que se cuela en la noche y me hace apretar el puño contra el pecho.Pero también siento esperanza.Espero que este pequeño sea mi luz en medi
Emilia MorganLa habitación del hospital estaba en silencio, pero mi mente no dejaba de gritar.Cada vez que cerraba los ojos, veía su rostro lastimado. Las marcas, los hematomas, la sangre seca. Nick atado a esa silla, luchando por respirar, por no rendirse.Y yo…¿Había hecho lo suficiente?¿Lo había puesto en peligro por llevar este mundo sobre mis hombros?¿Había sido egoísta al traer una vida nueva en medio de esa tormenta?El peso de la culpa me aplastaba con una fuerza que ni las armas ni las batallas habían logrado.Me senté en el borde de la cama, las manos temblando. Miré mi reflejo en el espejo del tocador y no reconocí a la mujer que me devolvía la mirada.—Lo siento, Nick —susurré al vacío—. Por todo lo que tuviste que pasar. Por no poder protegerte mejor. Por arrastrarte a esto.Una lágrima rodó por mi mejilla y la dejé caer sin luchar.Sabía que él no me reprocharía nada. Que su amor era más fuerte que cualquier herida.Pero esa culpa… esa sensación de no ser suficiente
Emilia MorganMe conocía perfectamente para saber que algo no andaba bien en mi.Lo supe en el instante en que corrí al baño a vomitar, luego de haber dejado a Liam en su cama dormido. Lo supe en el momento en que ví mi rostro pálido. Lo supe en el momento en que sentí un dolor en mi espalda.Sabía que no era necesario una revisión médica para saber la respuesta, pero necesitaba oírlo. Saber que quizás podría ser una idea mía o en verdad era lo que pensaba.Mientras el medico de la familia revisaba a Liam, quien no paraba de preguntarme cuando volvería Nick, yo solo podía pensar en que pasaría si en verdad mis suposiciones eran verdaderas.Todos en la mansión familiar estábamos en búsqueda de Nick. Luego de haber registrado su celular, descubrimos que el entregarse al secuestrador de Liam, era la única manera de que el volviera con nosotros.No sabía si Nick estaba muerto o vivo. Golpeado o bien. Sufriendo o solo viviendo. No sabía nada. Nadie había hecho ni una sola llamada en las úl
Narrador OmniscienteEl motor del auto vibraba suavemente, como si supiera que alguien importante estaba a punto de subir.Liam corrió entre charcos de agua sucia y concreto resquebrajado. Tenía los pulmones al borde del colapso, el corazón golpeándole el pecho con la fuerza de un tambor de guerra. Sus zapatillas estaban empapadas, sus piernas temblaban, pero no se detuvo. Papá le había dicho que corriera. Y eso hizo.Cuando llegó al auto, las puertas estaban destrabadas, tal como le prometió. Se lanzó al asiento del copiloto y cerró con fuerza, mirando nervioso por las ventanas como si algo —o alguien— pudiera seguirlo.Entonces lo vio: el celular, sobre el asiento del conductor.Con manos sucias y temblorosas, lo tomó. Lo desbloqueó. Ya estaba marcado. Un solo nombre en la pantalla: Mamá.Marcó.El tono fue eterno.Y entonces, la voz.—¿Nick?—Mami… —La palabra salió temblorosa, apenas audible—. Mami, estoy en un auto. Hice lo que papá me dijo… Corrí muy rápido… Pero él no está aquí






