INICIAR SESIÓNCapítulo 39
La tarde había caído con un silencio tenso que se sentía en cada rincón de la casa. Los últimos rayos de sol se colaban por las cortinas, dibujando sombras alargadas sobre los pisos de mármol. Yo estaba en la cocina, organizando papeles y revisando mensajes de Callum sobre los movimientos de las familias rivales, cuando lo sentí: algo estaba mal. La atmósfera cambió, el aire se volvió
Capítulo 51Nunca me enseñaron a elegir.Me enseñaron a obedecer, a calcular, a sobrevivir. Me enseñaron que la sangre no se cuestiona y que el amor es una distracción que se paga caro. Desde niño supe que mi apellido no era un privilegio sino una sentencia: protegerlo a cualquier costo, incluso si el costo era yo mismo. Incluso si el costo era el alma.Y ahora, por primera vez, el precio tenía un nombre.Jezebel.Dormía a mi lado cuando me levanté antes del amanecer. La habitación estaba envuelta en esa quietud frágil que solo existe antes de que el mundo despierte, cuando todo parece posible y nada ha sido aún destruido. La observé sin tocarla, como si mis manos fueran capaces de arruinarla. Tenía el ceño ligeramente fruncido, como si incluso en sueños estuviera lucha
Capítulo 50Siempre supe que la verdad no llegaría como una revelación limpia.Llegó como una grieta.Como una sensación persistente bajo la piel, como una punzada detrás de los ojos cada vez que alguien pronunciaba el nombre de mi padre. Durante años me habían alimentado con una versión conveniente de su muerte: traición interna, un ajuste de cuentas inevitable, el precio de vivir en un mundo donde nadie muere en la cama. Yo misma repetí esa historia tantas veces que casi me convencí de que era suficiente.Casi.Pero la verdad tiene una forma cruel de llamar cuando menos la esperas.Esa noche no volví a casa de inmediato. Me moví por la ciudad como una sombra, con el abrigo cerrado hasta el cuello y el corazón latiendo demasiado rápido. El mensaje
Capítulo 49El amor no llegó como una confesión.Llegó como una rutina peligrosa. Como silencios que ya no dolían. Como miradas que se quedaban un segundo más de lo necesario y manos que encontraban las mías incluso cuando no las buscaba. Llegó disfrazado de supervivencia, de alianzas forzadas, de noches en vela donde fingíamos que el mundo no podía tocarnos mientras seguía ardiendo afuera.Despertar junto a Roman se volvió costumbre.No siempre en la misma cama. A veces en sillones opuestos, a veces en habitaciones contiguas, a veces solo con la certeza de que estaba al otro lado de una pared, respirando al mismo ritmo que yo. Mi cuerpo aún sanaba, pero algo más profundo había empezado a moverse sin permiso. Algo que no entendía y que me aterraba más que cualquier arma. 
Capítulo 48Desperté con la sensación extraña de no estar sola.No fue el dolor lo primero que sentí, aunque estaba ahí, latente, como un eco profundo en los huesos. Fue el calor. Un peso firme y constante cerca de mí. El sonido de una respiración que no era la mía, lenta, vigilante, como si alguien estuviera conteniendo el mundo para que no se desmoronara.Abrí los ojos con cuidado.La luz era tenue, filtrada por cortinas gruesas. El olor a desinfectante se mezclaba con algo más familiar: cuero, pólvora vieja, Roman. Giré apenas la cabeza y lo vi sentado junto a la cama, inclinado hacia adelante, los codos apoyados en las rodillas, las manos grandes entrelazadas como si estuviera rezando sin saber cómo hacerlo. Tenía la camisa manchada de sangre seca, no sabía si suya o mía. Su mand
Capítulo 47El cansancio no llegó de golpe. Se filtró.Primero fue en las manos, que ya no respondían con la misma rapidez. Luego en la garganta, seca incluso cuando respiraba. Después en la mente, que empezó a repetir pensamientos como si fueran ecos atrapados en una cueva sin salida. No era debilidad. Era desgaste. Dorian lo sabía. Lo había calculado todo para que ese momento llegara.—Se te está acabando el tiempo —dijo, caminando frente a mí con pasos tranquilos, casi aburridos—. Y también la paciencia.Yo estaba de rodillas. No porque me hubiera obligado, sino porque el cuerpo ya no me sostenía con la misma arrogancia de antes. La sangre seca en mis labios tiraba al mover la boca. Mis muñecas ardían por las marcas viejas de las esposas. Aun así, levanté la cabeza.—Hazlo —le dije—. Si tanto lo dese
Capítulo 46Los días dejaron de tener nombre.No supe si pasó una semana o tres. El tiempo aquí no avanzaba: se deshacía. La luz entraba siempre igual por una rendija alta, gris, cansada, como si también estuviera prisionera. Aprendí a medir las horas por el ritmo de mis propios latidos, por el dolor que cambiaba de lugar en mi cuerpo, por la forma en que Dorian aparecía y desaparecía como un veneno paciente.No me golpeó como lo hacen los hombres torpes. No necesitaba hacerlo.Dorian torturaba con precisión.Con silencios largos. Con verdades dichas en el momento exacto. Con amenazas tan bien construidas que no parecían amenazas, sino profecías.—Sigues mirándome como si fueras superior —me dijo el tercer día, caminando en círculos a mi







