FAZER LOGINTres años habían transcurrido desde que la tragedia había ocurrido. El juicio en contra de Jackson Sussex, había sido realmente escandaloso, tanto, que la familia real había tenido que tomar una postura real, decidiendo abandonar en todos los aspectos a su infame pariente que los había avergonzado con aquellos actos tan cuestionables y aberrantes.Katherine miraba el televisor; todas aquellas malas noticias se habían quedado atrás, y Jackson, finalmente y después de un juicio y proceso demasiado largo, entraba en la prisión de Londres despojado de su título de nobleza, su apellido, y todo lo que una vez le había hecho creer que el era un hombre intocable. El finalmente comenzaría a cumplir la condena: cadena perpetua sin posibilidad de salir bajo palabra, y completamente aislado de los otros presos.Al final, Jackson pagaría por lo que les había hecho a esas pobre mujeres, e incluso había salido a la luz lo que su padre le había hecho a su madre, y la familia real de Inglaterra había
Aquella mañana, Katherine caminaba junto a Henry en los jardines que se hallaban al exterior del hospital en donde su amado seguía recuperándose después de recibir aquel disparo que pudo ser mortal. Ambos avanzaban entre las rosas en completo silencio, pues a pesar de todo lo que habían pasado y sobrevivido aquellas últimas semanas, parecía que no había nada que realmente quisieran decir.¿Aquello podía deberse al trauma y el sufrimiento?Henry observó a Katherine en silencio, mientras ella avanzaba paso a paso mirando casi fijamente hacia el suelo. Su rostro hermoso lucía demacrado, sus ojeras estaban ya muy pronunciadas; el sufrimiento tan grande que había atravesado se le había quedado plasmado, y aunque tenia un mucho mejor aspecto que la última vez que la vio, y aquello jamás podría restar a su belleza, si resultaba evidente que su amada necesitaba descansar y sanar de todo lo que habían estado atravesando últimamente.El dolor de casi perderlos a el y a los hijos que ambos esper
En el hospital civil de Palermo, Henry aun no despertaba de aquel coma. Jhon consolaba a su madre quien no podía parar de llorar, y había visto a Katherine había entrado en la habitación en donde su hermano mayor estaba conectado. Al entrar, la hermosa rubia casi sintió morir al ver la figura maltrecha de su ex esposo conectado a aquella máquina que le proveía de una vida meramente artificial; su estado parecía ser realmente terrible, tal y como le habían dicho, y tratando de ser fuerte no quiso entrar en histeria, debía de mantenerse firme por Henry, por sus hijos, y por ella misma.Los doctores le habían dicho que habían intentado sin éxito durante varias horas despertarlo del coma en que lo habían inducido, pero no habían podido conseguir nada y comenzaban a temer lo peor. Tomando su mano con las suyas y apretándola una vez más, la hermosa rubia se acercó a su amado, y comenzó a llamarlo por su nombre con la esperanza de verlo despertar.—Mi Henry…mi amado Henry…aquí estoy, soy tu
En aquel hospital Katherine estaba nerviosa, tanto como no lo había estado nunca antes. Tenía miedo, mucho miedo, su vida entera la sentía pendiendo de un hilo…aunque ya había decidido que fuese cual fuese el resultado, ella seguiría adelante con su embarazo, la criatura, después de todo, viniera bien o mal, era su amado hijo o hija.La doctora le había pedido subir a la camilla, iban a hacerle una ecografía, de esa manera tendría finalmente la respuesta que tanta angustia le estaba causando.—Por favor, levántese la blusa, haremos una ecografía para saber exactamente cuantas semanas de embarazo tiene y ver si el feto ha sufrido algún daño debido a todo lo que me ha comentado. — dijo la amable doctora que estaba al tanto de la muy delicada situación.Cuando Katherine sintió el frio gel sobre su vientre, un terrible escalofrió la había invadido y no precisamente por la frialdad del mismo. Los ojos verdes se le habían llenado de lágrimas por miedo, un miedo tan profundo como nunca antes
Albert, el duque de York, había llegado a la prisión de Palermo ya sabiendo todo lo que su sobrino había hecho; aquello había resultado en un completo desastre, y la reina, así como los demás miembros de la familia real, estaba furiosa.Jackson se levantó del suelo en el que había estado sentado, luego, miro a su odiado tío quien entraba en aquel espacio nauseabundo en el que se encontraba tapándose la nariz con un pañuelo.—Ya era hora ti Albert, te tardaste, sácame ya de aquí, no podre soportar estar ni un segundo más en este asqueroso lugar en donde no me tratan con el respeto que merezco al ser un miembro de la familia real. — dijo el apuesto Jackson con evidente molestia.El Duque de York miró a la figura maltrecha de su despreciable sobrino; era obvio que lo había estado pasando mal, sin embargo, no estaba nada complacido con su comportamiento.—Causaste demasiado revuelo, mucho más del que la corona puede tolerar. Llegaste a tierra extranjera armando tal alboroto que ahora teng
Jhon, su madre y Lorena, recorrían cada hospital en Palermo temiendo lo peor. Los nervios los sentían a flor de piel.En el hospital de lo civil, los médicos y enfermeras se esmeraban por mantener estable a aquel paciente que había llegado herido de gravedad. La bala que había recibido en el tiroteo había perforado uno de sus pulmones, sin embargo, no había muerto, sin embargo, una infección provocada por la bala mantenía entre la vida y la muerte al individuo. Necesitarían de un milagro para poder salvar la vida de aquel hombre.—Bisturí. — pidió uno de los cirujanos.Durante aquella operación, el médico cirujano quien se mostraba concentrado, se esforzaba por mantener a su paciente con vida; aquella era una cirugía de emergencia, sin embargo, a pesar de ello, la vida del paciente aun seguiría peligrando…solo dios podría salvarlo de esto.Finalmente, y después de tres complicadas horas, la luz del quirófano se había apagado, la cirugía había terminado y el médico en jefe caminaba a l







