Mag-log in**Ángela:**
—Hola, hermano mayor.
Abre la boca para hablar, pero…
—¡Achús! —estornudo directamente sobre su pecho.
La sangre se me va del rostro, los ojos se me agrandan detrás de las gafas y retrocedo tambaleándome, hasta que pierdo el equilibrio.
«Está claro. ¡Estoy maldita! Ahora sé que los dioses me han echado una maldición», maldigo para mis adentros mientras me entrego a la gravedad, esperando el impacto.
Qué vergüenza. Apenas unos segundos delante de mi hermano y ya estoy haciendo el ridículo.
Diosa lunar, ten piedad de mí. Prometo que no volveré a desear…
—Puedes abrir los ojos ya —la voz de Cassian me saca de mis pensamientos humillantes. Abro los ojos y entonces me doy cuenta de la posición en la que estamos.
Me ha atrapado.
Sus fuertes brazos rodean mi cintura y mi espalda, su pecho contra el mío, haciendo que mis pezones rocen sus músculos tensos con solo la tela de nuestra ropa entre ambos. ¿Y eso que siento clavándose en mi abdomen?
¿Está… excitado?
Mis ojos se abren como platos, los labios se me entreabren mientras miro sus fríos ojos azules y me ajusto las gafas.
—Hermano… yo… ¡Achús! —estornudo en su cara—. Oh, diosa… —intento apartarlo, pero él no me suelta; al contrario, me ayuda a ponerme en pie.
Rápidamente saco un pañuelo de mi bolso, me pongo de puntillas y le limpio el rostro con los dedos temblando sin control.
—Lo siento. Lo siento muchísimo —sigo disculpándome. Las ganas de llorar y estornudar de nuevo me abruman, pero esta vez me contengo y duele tanto que una lágrima se me escapa.
Me odio.
—Está bien —murmura mi hermano, sujetando mi mano temblorosa—. Ven —dice, guiándome. Abre la puerta trasera de su Jeep Wrangler gris oscuro.
Me siento y él me ayuda a abrochar el cinturón.
Yo, por mi parte, me quedo rígida como una piedra, intentando no fijarme en su aliento caliente y agitado sobre mi rostro, en sus dedos hábiles rozando mi cuerpo ni en cómo su figura se cernía sobre la mía.
—Listo —anuncia, mirándome a la cara. Fuerzo una sonrisa tensa.
—Gracias… —de inmediato me cubro la nariz con el pañuelo y estornudo; las gafas casi se me caen.
Qué situación tan incómoda.
Me ajusto las gafas después de limpiarme la nariz y murmuro:
—Lo siento. Te pagaré la desinfección del coche.
—No es necesario —responde, pillándome desprevenida al poner su mano en mi frente—. Tienes fiebre y un resfriado. Pararé en la farmacia y…
—No. No —agito las manos rápidamente, interrumpiéndolo—. Creo que es una reacción alérgica. Debe de haber un gato cerca.
Levanta una ceja y yo asiento, dándole la razón.
—Tienes razón, necesito medicina. Gracias, hermano mayor —digo, sonriéndole con todo el cariño que puedo. Pero él frunce el ceño de repente, emite un aura gélida y cierra la puerta del coche con tanta fuerza que doy un respingo.
«¿Qué he hecho?»
Lo observo mientras recoge mi maleta, va al maletero, la mete y lo cierra.
Sube al coche y arranca.
Fue un trayecto en silencio. No pude entretenerme con ninguno de esos vídeos cortos porque me duele la cabeza cada vez que voy en coche, y mirar el móvil solo empeoraría las cosas.
Así que mi atención se desvía hacia el hombre que conduce.
No quería mirarlo demasiado, pero no podía evitarlo: estaba arrebatadoramente guapo conduciendo con seriedad, con la mandíbula apretada.
No quiero ni imaginar qué está pensando con esa expresión tan grave.
De pronto se gira y nuestras miradas se encuentran un segundo antes de que yo aparte la vista.
—¿Te molesta quedarte en mi casa? —empieza una conversación.
Qué raro. ¿Qué pretende?
—No —respondo de golpe. Él suelta una risa que, por su perfil, no parece nada agradable.
—Dime qué quieres y quizá acceda —dice, mirándome por el retrovisor. Levanto la vista y él sigue observándome.
Sostengo su mirada unos segundos antes de ceder; está claro que no me quiere en su casa.
Miro hacia otro lado, enfadada, y contesto:
—Quiero quedarme en casa con Brandon. Hace mucho que no pasamos tiempo de calidad juntos y está empezando a dudar de mi amor. Pensé que una semana juntos le demostraría cuánto lo quiero —explico con una sonrisa suave, enfatizando «cuánto lo quiero» para que mi hermano no sospeche que aún pienso en nuestro pequeño encuentro.
Lo miro, pero él no dice nada y sigue conduciendo, así que yo tampoco hablo.
…~…
El coche se detiene frente a la farmacia y él baja sin preguntarme si necesito algo. Así han cambiado las cosas entre nosotros.
Antes me habría preguntado, y aunque le dijera que no necesitaba nada, igual me habría comprado algo.
—Ojalá hubiera hablado en aquel momento —susurro, cerrando los ojos y recostándome en el asiento.
~~~
Lo primero que siento es algo húmedo y caliente lamiendo mis labios, un aliento ardiente sobre mi rostro y unas manos en mi nuca y cintura.
Jadeo y abro los ojos parpadeando.
—H-hermano… —balbuceo al ver su rostro a solo unos centímetros del mío, con todos sus rasgos ampliados.
Sus labios húmedos, como si acabara de pasarse la lengua por ellos, me atraen, me tientan a tomar su cara entre mis manos y besarlo para saciar esta sed que tengo de él, y al diablo con todos mis temores de cometer algo abominable.
Me humedezco los labios instintivamente mientras sostengo su mirada hipnótica, aturdida.
—Estás despierta —pregunta con ese tono distante, y yo salgo de mi ensoñación.
—S-sí —murmuro azorada, incorporándome tan bruscamente que le doy un golpe en la cara. Alargo la mano hacia él para disculparme—. Dios mío. Hermano mayor, lo siento muchísimo…
Pero él detiene mi avance con el rostro crispado por la ira y murmura fríamente:
—Hemos llegado.
Luego se gira y se marcha.
Vale, parece que tenía razón sobre lo del embarazo; solo que el embarazado es mi hermano y no Melinda.
Maldita sea, no logro seguirle el ritmo a sus cambios de humor. Bajo del coche mientras él cierra el maletero.
Cierro la puerta, me acerco y estiro la mano para tomar la maleta, pero él me agarra, me atrae hacia su lado, rodea mi cintura con su brazo de forma tan íntima y me arrastra con él, mirando al frente sin dedicarme ni una mirada, como si su mano no estuviera justo encima de mi trasero.
Al principio me tenso, con las manos cruzadas sobre el pecho, pero luego empiezo a caminar, mirándolo de reojo mientras él avanza con expresión concentrada.
Cruzamos el jardín y nos detenemos en la entrada.
Cassian saca las llaves y va a abrir la puerta cuando esta se abre desde dentro, revelando a una radiante Melinda.
—Cariño. Ya has vuelto.
Qué maravilla. La bruja está aquí.
**Ángela:**~~~Han pasado horas desde que regresamos y afuera ya es de noche, pero no tengo ninguna intención de bajar, ni siquiera a medianoche.En primer lugar, porque tengo miedo de toparme con mi hermano, y en segundo, porque quiero evitar que se repita lo de hace cinco meses.El teléfono, a mi lado sobre la cama, suena. Es Brandon.Contesto de inmediato, aunque los dedos me tiemblan de los nervios. He estado inquieta por qué no había llamado. Yo tampoco lo había hecho porque no estoy segura de qué le hizo mi hermano, y no se lo pregunté después de la tensión que surgió entre nosotros tras aquella exhibición masiva en la sala de descanso.Dios… me estremezco al recordar su miembro mientras contesto la llamada.—Hola.—Ella. ¿Cómo estás? —pregunta Brandon, y el corazón me da un vuelco desbocado.—¿P-por qué? —trago saliva.—Porque eso es lo que se le pregunta a la novia después de no hablar desde anoche —responde, y yo asiento con fuerza como si pudiera verme, soltando un suspiro
**Ángela:**~~~Levanto la vista hacia el rostro de mi hermano como si le hubieran crecido cuernos con esas palabras.—¿Qué has dicho…? —susurro, incrédula.Sin embargo, su expresión no cambia mientras repite:—Necesito que me ayudes a usar el baño; como ves, estoy herido y no puedo arreglármelas con la mano izquierda —dice con total naturalidad, mostrándome la mano herida que acabo de terminar de vendar.La herida realmente no está cicatrizando. ¿Por qué no se cura y cómo ha podido hacerse una herida de ese tipo?—Vamos, ya no puedo aguantar más —murmura, sacándome de mi aturdimiento.—Hermano, ni de broma…—Podría ir a buscar a ese novio tuyo y deshacer lo que le hice. Incluso me he hecho daño ayudándote, y tú ya has incumplido tu palabra. Tendría que haber sabido que no ibas a… —Dejo de escucharlo.—Por favor, hermano, haré lo que sea.Esas palabras que me han metido en este aprieto resuenan en mi cabeza. ¿Por qué dije eso precisamente, de todas las excusas posibles?—Está bien. Lo
**Cassian:**~~~—Por favor —llora ella, interponiéndose entre nosotros y protegiendo al imbécil de mí.—¿Por qué me haces esto? Sabes cuánto lo quiero, y aun así estás destruyendo lo nuestro.¿Amor?Me río para mis adentros.Le he dado demasiado tiempo para recrearse en esa fantasía, y ya basta. Es hora de que sepa a quién pertenece.Con un movimiento rápido la agarro, la atraigo hacia mí, le sujeto la barbilla y le inclino el rostro para que vea la seriedad en mis ojos.Me mira sin apartar la mirada.—Porque eres mía, Ángela. Solo yo tengo derecho a tu amor. Solo yo poseo tu corazón, tu mente, tu cuerpo y tu alma. Solo yo puedo tocarte. Y créeme, he sido paciente demasiado tiempo; no querrás provocarme —digo cada palabra con firmeza y posesión.—¿Qué…? —jadea, atónita y pálida—. Tú… no puedes hablar en serio… —dice, mirándome como si estuviera enfermo por pronunciar aquellas palabras.—Hablo en serio, Ella. ¿Cuándo te he mentido? —susurro, peligrosamente cerca de sus labios, que se e
**Ángela:**~~~—¿Qué coño…? —maldice Brandon, apartándose de mí y cubriéndome con la toalla mientras se sienta a mi lado de forma protectora.Me incorporo detrás de él, abrumada y agitada por el picor insatisfecho que aún palpita entre mis piernas.—Déjanos solos —ordena mi hermano con un tono tan calmado que resulta aterrador, sosteniendo la puerta abierta para Brandon.—Si alguien debe marcharse, eres tú —replica Brandon, y entiendo su irritación, pero este no es el momento.Además, faltarle al respeto al alfa podría meterlo en graves problemas.Le agarro el brazo.Se gira hacia mí y yo sacudo la cabeza, suplicándole en silencio que se calle.Sin embargo, él me sonríe con aire tranquilizador y luego se vuelve hacia mi hermano.—No tienes derecho a irrumpir aquí, interrumpir nuestro momento y esperar que te obedezca sin cuestionarte, Alfa.—Tienes tres segundos para largarte —arrastra las palabras Cassian con aparente pereza; sin embargo, el breve destello rojo en sus ojos revela su
**Ángela:**~~~Fue como si lo hubiera anticipado, porque en el mismo instante en que mis labios rozaron los suyos, su mano me sujetó la nuca, inclinándome la cabeza mientras comenzaba a besarme con fiereza.Me mordisquea con fuerza el labio inferior y, cuando jadeo, hunde la lengua en mi boca.—¿Cariño? —la voz de Melinda resuena, acompañada del sonido de sus pasos bajando las escaleras.Abro los ojos de par en par y lo empujo.No sé de dónde saqué esa fuerza, pero me sirvió para apartarlo.—Ángel —dice, avanzando con la intención de sujetarme, pero doy varios pasos rápidos hacia atrás para poner distancia entre nosotros. En mi prisa, la espalda choca dolorosamente contra el borde de la encimera.—¡Aaah! —me quejo.—Ella, ¿estás bien? —intenta agarrarme de nuevo, con la preocupación escrita en todo su rostro.—¡Aléjate de mí…! —siseo, abofeteándolo por instinto mientras las lágrimas me escuecen en los ojos por la avalancha de emociones.Miro la mano con la que le he golpeado, horrori
**Ángela:**~~~Camino hacia el baño después de que mi hermano se marche, con el cuerpo aún temblando por el torbellino de emociones contradictorias.—¿Qué acaba de pasar? —susurro, incrédula, mientras miro mi reflejo en el espejo.Intento recordar los momentos que compartimos y un escalofrío me recorre entera.—Oh, Selene. Mi hermano casi me devora el sexo después de complacerme con sus dedos y besarme… otra vez —me toco los labios, que aún hormiguean por el beso; casi puedo sentir sus labios moviéndose contra los míos.¿Qué significa esto? ¿Acaso él también siente algo por mí? ¿O realmente es así como castiga a quienes lo provocan?Un millar de preguntas inundaron mi mente.Joder, necesito respuestas.Me quito el camisón y veo mis bragas rotas colgando alrededor de la cintura.¿Un hermano le rompe las bragas a su hermana?—Oh, Ángela. ¿En qué lío te has metido? —murmuro, mientras mis pensamientos vuelan de nuevo a sus ojos oscuros y lujuriosos, y a sus dedos hábiles acariciando mi s







