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Author: Fireworks💥
last update publish date: 2026-06-25 15:40:31

**Ángela:**

—Cariño. Ya has vuelto —dice Melinda con entusiasmo, corriendo hacia los brazos de Cassian.

Me aparto rápidamente de su brazo, como si me hubiera quemado, para dejar espacio a su tierna reunión después de horas separados.

Miro el rostro de mi hermano, sintiéndome traicionada, herida y furiosa.

Justo cuando empezaba a pensar que vivir con él no sería tan terrible como imaginaba, me tenía preparada una gran sorpresa.

Y pensar que le había mentido a mamá sobre la marcha de Melinda.

Los observo mientras ella salta a sus brazos, él la atrapa y ella sella sus labios con un beso apasionado.

Una eternidad después… por fin se separan.

Qué tierno. Me burlo por dentro, llena de desprecio.

—Oh, Angela… ¿Estás aquí? —murmura Melinda, con cara de confusión, como si no esperara verme, respirando aún agitada por el beso arrollador.

Pongo los ojos en blanco, sin poder ocultar mi enfado y mi desdén.

Rodeo a Cassian, agarro mi maleta y me dirijo al interior de la casa.

«Y pensar que hasta tiene llave de su casa», resoplo con desprecio entre dientes.

Él había sacado su llave antes. ¿Significa eso que no sabía que ella estaba aquí? ¿Me precipité al sacar conclusiones?

Pues al diablo con ellos, ¡ya no me importa! Mis pensamientos se agolpan mientras subo las escaleras con la maleta a cuestas.

En cuanto entro en mi habitación de la casa de mi hermano, cierro la puerta de un portazo, corro hacia la cama, me tiro encima y me quito las gafas.

—¡Aaaah! —grito contra el colchón, golpeándolo una y otra vez—. ¡Te odio, Cassian Ironveil, aún más que a esa novia pegajosa y guapa que tienes! —chillo, y por fin se me escapan las lágrimas.

Duele.

Duele tanto que me odio a mí misma.

Por todos los dioses, es mi hermano, ni siquiera hermanastro.

Mamá y papá me matarían si se enteraran.

Sé que esto está mal, pero no puedo evitarlo. Intento convencerme de que es solo lujuria, pero sé que me estoy engañando al corazón.

Para odiar a mi hermano con esta intensidad en solo un día, solo hay una explicación.

Diosa, ayúdame. ¿Cómo detengo esta locura?

No quiero destruir a mi familia con estos sentimientos prohibidos.

Toc, toc.

—¿Quién es? —pregunto, porque no pienso dejar entrar a Melinda. De hecho, tampoco a mi hermano. ¿Cómo le explico las lágrimas?

Sin embargo, en cuanto termino la pregunta, la puerta se abre con un clic.

No necesito girarme para saber que es él; su presencia fría y dominante llena el espacio, como una mano que te aprieta el cuello: placentera y mortal al mismo tiempo.

No me muevo, porque seguro que ha venido a dejarme la medicina que me compró.

—Déjala encima de la mesita de noche —murmuro contra el colchón, con la voz amortiguada.

Pero pasan los segundos y se convierten en minutos, y no oigo que la puerta se abra ni se cierre.

Me giro, me pongo las gafas y ahí está él, apoyado contra la pared con una mano metida con naturalidad en el bolsillo.

Yo, sin vergüenza alguna, empiezo a repasarlo en lugar de reprocharle su presencia.

Los pocos botones desabrochados de su camisa negra dejan ver su pecho tatuado con intrincados dibujos. Debería dejar de mirar a mi hermano, pero sigo bajando la vista y noto que la parte delantera de sus pantalones está abultada.

Tiene una erección, y es por Melinda.

Esa constatación me saca de mi ensimismamiento y aparto la mirada.

—¿Por qué paras tan pronto? Sigue, sé que soy guapo —murmura con un toque de picardía. Mi cabeza se gira hacia él y lo fulmino con la mirada.

—¿Qué quieres, Cassian? —pregunto con dureza. Pero él se despega de la pared, como si le hubieran clavado agujas en la espalda.

—Dilo otra vez —exige. Pongo los ojos en blanco. Se estaba comportando de forma extraña. ¿Había dicho algo malo?

—Te pregunto por qué sigues aquí; tu novia debe de estar enferma y sola, esperándote —le suelto, con el sarcasmo chorreando de cada palabra. Miro hacia otro lado.

Lo oigo suspirar profundamente y, al segundo siguiente, siento cómo la cama se hunde bajo su peso.

—Tú… ¿por qué te sientas? —balbuceo.

No me responde, sino que me lanza una pregunta:

—¿Por qué estabas llorando? —Me giro hacia su rostro al oír su voz suave. Hace meses que no usaba ese tono, pero eso no significa que le perdone que me haya engañado con lo de Melinda.

—La razón por la que lloraba es porque te odio. No quiero estar aquí. ¡Quiero estar con mi novio! —le grito a la cara, y el movimiento acerca nuestros rostros.

Se me corta la respiración.

—¿Me odias? —pregunta con voz ronca, apretando las mandíbulas mientras me sujeta la barbilla y acerca aún más nuestros rostros.

Creo que nuestros labios se rozaron; quizá me equivoque.

Lo miro a los ojos, que me atraen como un imán. Las emociones me desbordan y los ojos me escuecen por las lágrimas.

—Sí, hermano. Te odio —afirmo con firmeza. Él asiente con aparente calma, pero su rostro dice otra cosa.

—¿Prefieres estar con ese perdedor antes que quedarte aquí? —pregunta con un tono engañosamente sereno, pero esta vez ya he visto a través de su máscara.

Está enfadado. Muy enfadado. Puedo sentirlo emanando de él en oleadas.

¿Por qué demonios está enfadado?

Debería saber por qué lo odio; debería saber por qué preferiría quedarme en casa de Brandon.

—Sí. ¡Prefiero quedarme en su casa! —exclamo entre sollozos, y su agarre en mi barbilla se intensifica. Veo cómo intenta controlar su ira, pero está fallando.

Diosa, ayúdame, porque noto que estoy poniendo a prueba sus límites y me angustia lo que pueda hacer a continuación.

Pero simplemente no puedo ceder.

—No quieras provocarme, Ella —gruñe en voz baja, y un escalofrío me recorre la piel al ver el brillo intenso en sus ojos inyectados en sangre.

Ha perdido el control.

Genial, esto es justo lo que necesito: una razón de peso para alejarme de él. Así que digo algo, cualquier cosa, para enfurecerlo más.

Si tengo suerte, quizá me golpee, aunque dudo que mi hermano levante nunca la mano contra una mujer.

Pero en el fondo espero que lo haga.

Porque si lo hace, lo usaré para culparlo el resto de su vida.

—Ojalá nunca te hubiera conocido, Cassian. Te odio. Odio a tu novia perfecta, y odio que tú seas…

Él sella mis labios, cortándome la palabra.

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