FAZER LOGINHola ojalá les guste
EPÍLOGO — Un año después Un año había pasado. Desde aquella madrugada en la que el quirófano se llenó de llantos pequeños y tres nuevas vidas llegaron al mundo al mismo tiempo. Un año desde que Sandra, Víctor y Samantha cambiaron para siempre la vida de todos. La casa Montaldo estaba llena de globos, risas y música. Victoria había insistido en hacer el cumpleaños allí. Decía que aquella casa había visto demasiadas historias, demasiadas lágrimas y demasiadas batallas como para no celebrar también los momentos felices. En el jardín habían armado mesas largas, guirnaldas de colores y una enorme torta decorada con tres pequeñas velitas. Sandra ya caminaba. Lo hacía con esa tranquilidad que parecía acompañarla desde el primer día. Observaba todo con ojos curiosos y avanzaba con pasos pequeños, seguros, como si pensara cada movimiento. Samantha, en cambio, era otra historia. Un torbellino. Corría de un lado a otro del jardín, riéndose, cayéndose, levantándose otra vez y escapando
CAPÍTULO 99 — Los nombres El pasillo del hospital estaba lleno de una tensión distinta. No era miedo. Era expectativa. Una mezcla de nervios, ansiedad y esa alegría contenida que aparece cuando todos saben que algo hermoso acaba de ocurrir… pero todavía no lo han visto con sus propios ojos. Manuel y Miranda estaban sentados en una de las filas de sillas del pasillo. Antonio y Andrea permanecían entre ellos, moviendo las piernas con impaciencia, mirando una y otra vez la puerta del quirófano. —¿Cuánto falta? —preguntó Andrea por cuarta vez. Manuel miró el reloj. —Ya falta poco. Antonio frunció el ceño. —¿Los bebés salen caminando? Miranda sonrió. —No, mi amor. —¿Entonces? —Los médicos los están revisando primero. Antonio asintió, aunque no parecía muy convencido. En ese momento se escucharon pasos acercándose por el pasillo. Ernesto apareció primero. Avanzaba con su bastón, pero lo hacía más rápido de lo habitual, como si los años —y su enfermedad— hubieran decidido a
CAPÍTULO 98 — Tres pequeños milagros Punto de vista: Victoria Victoria estaba preparada para el parto. Pero no para ese momento. Había imaginado muchas veces cómo sería el día en que sus hijos nacieran. Había hablado con su doctora, había escuchado cada explicación, cada advertencia, cada precaución necesaria para un embarazo múltiple. Sabía que lo más seguro sería una cesárea. Lo sabía desde hacía meses. Pero aun así… no estaba preparada para que todo comenzara de repente. Sintió primero un movimiento fuerte dentro de su vientre. Uno de esos movimientos que ya había aprendido a reconocer durante las últimas semanas. Después otro. Y entonces ocurrió. Un pequeño sonido. Un ploc suave, húmedo… extraño. Un sonido que supo, en ese instante, que jamás olvidaría. Victoria se quedó quieta un segundo. Después miró a Samuel. —Samuel… Él ya estaba de pie. —¿Qué pasó? Victoria sintió el líquido tibio deslizarse por sus piernas. —Creo que… rompí bolsa. Las corridas comenzaro
CAPÍTULO 97 — La noche en que todo comenzó Después de la cena, Manuel y Samuel se quedaron un momento más sentados, haciendo sobremesa mientras desde la cocina se oían las voces de las mujeres sirviendo el postre. El ambiente estaba tranquilo. Cálido. Samuel apoyó los codos sobre la mesa y miró a su padre con una sonrisa sincera. —Estoy muy contento por vos, papá. Manuel levantó la vista. —¿Sí? —Sí. Me alegra que hayas decidido ser feliz al fin. Hizo una pausa. —Miranda es una buena mujer. Y esos chicos… Andrea y Antonio… necesitan a alguien como vos. Manuel lo escuchaba en silencio. Samuel continuó con calma. —Deja de pensar en lo que no pudiste hacer por mí. Yo tuve un buen padre. Aunque se haya equivocado en algunas cosas… supo criarme. Las palabras quedaron flotando entre los dos. Samuel lo miró con una seriedad tranquila. —Así que ahora te toca intentar hacer lo que no hiciste conmigo con ellos. Manuel bajó la mirada un instante. —Gracias, hijo.
CAPÍTULO 96— La cena que cambió todo La casa estaba llena de un movimiento distinto esa tarde en casa de Manuel Castro. Era la primera vez que se reunían allí. Una casa que durante años había sido fría y silenciosa ahora parecía cambiar de estación, como si pasara del invierno a la primavera. Victoria caminaba despacio por la cocina mientras Samuel intentaba, por quinta vez, convencerla de que se sentara. —Victoria, por favor… sentate un rato. Yo lo hago. —Samuel, estoy embarazada, no inválida. —Sí, pero estás embarazada de tres bebés… y en cualquier momento se salen de ahí dentro —bromeó. Ella lo miró con una sonrisa cansada. —Y vos estás más nervioso que yo. Samuel suspiró. —Porque alguien tiene que ser el responsable. Victoria levantó una ceja. —¿Responsable? ¿Vos? Samuel hizo un gesto indignado. —¡Claro que yo! Ella soltó una pequeña risa y lo besó. Aquella noche se sentía extrañamente ligera. Tenía una sensación rara, como si el peso del embarazo fue
CAPÍTULO 95 — El dibujo de Andrea Los días seguían pasando y, sin darse cuenta, Manuel y Miranda habían empezado a construir algo que ninguno de los dos había planeado. No era una relación declarada. Todavía no. Salían a caminar. Tomaban mate juntos. A veces se encontraban en el parque cerca del hotel. Lo hacían con cuidado. Sobre todo por los niños. Ninguno de los dos quería que Andrea y Antonio se ilusionaran con algo que después pudiera romperse. —No quiero lastimar a mis hijos —le había dicho Miranda una tarde, sentados en un banco del parque. Manuel la había mirado con calma. —Eso es lo que más me gusta de vos. Había pasado casi un mes desde que empezaron a verse así. Había abrazos. Había besos. Había silencios compartidos. Pero todavía no habían cruzado esa última frontera. En parte porque Manuel seguía recuperándose de su accidente. Su cabeza había pasado por operaciones, tratamientos, meses de recuperación. Él quería estar seguro de que, cu







