INICIAR SESIÓNPor suerte, no he tenido que responder nada de lo que me preguntan debido al abuelo y a Minetti. Al fin, parece que se han puesto de acuerdo en algo. Dicen chistes y se ríen hipócritamente. Yo permanezco al lado de mi esposo, tratando de idear algo para escaparme.
Un toque en mi hombro me hace girar la cabeza para ver a las otras mujeres invitándome a salir a la terraza.—Muchas gracias, en verdad no me siento bien, no quiero exponerme a la temperatura fr&LILIAN:Lo miro nerviosamente, cierro la puerta detrás de nosotros mientras el aire fresco de la noche nos envuelve. La terraza está iluminada tenuemente por pequeñas luces que serpentean por las barandillas. Las estrellas parecen más cercanas esta noche, como si quisieran ser testigos de lo que está a punto de ocurrir. Alessandro se gira hacia mí, con las manos en los bolsillos y esa expresión entre curiosidad y fastidio que siempre adopta cuando siente que estoy a punto de romper algún esquema que ha trazado en su mente. —No me culpes a mí sin saber de qué se trata. También es culpa tuya; es más, creo que es más tuya que mía —le digo sonriendo mientras al fin salimos del salón. —¿Qué quieres decir? —pregunta intrigado. No le respondo de inmediato. Lo dejo que se impaciente un poco. Luego me le acerco despacio y le tomo una mano colocándola en mi vientre. —De esto —digo con una sonrisa, aunque estoy nerviosa. Nunca hablamos de tener hijos—. Tengo ya varias semanas de retraso;
LILIAN:Han transcurrido varios meses desde que todo pasó. Los padres de Alessandro todavía no están excelentes, pero sí bien. Rufo operó a los suyos y también evolucionaron muy bien. Además, les compró una hermosa casa, así como el restaurante que ellos habían creado. Ellos se empeñan en trabajar, aunque su hijo tiene dinero de sobra. Luci pareciera que nunca ha padecido de nada; ahora es idéntica a su hermana, que no regresó a Milano con sus abuelos. Se quedó a vivir con ella y su novio hasta que aquellos se muden definitivamente a Roma, a la casa del tío Axel. El tío Acher regresó con sus padres, no solo para cuidarlos, sino que volvió a ser profesor. Mi madre volvió a vivir en la casa del lago, con la señora María, hasta que esta última se mude definitivamente con Rufo, que aún no se decide. Tiene miedo de perder a Migue y retrasa cada día más la mudanza. Sus padres les pidieron que fueran a vivir con ellos, y lo están pensando. Mili y Donato también se rec
LILIAN:Estamos todos nerviosos en espera de que lleguemos a la casa. Corremos al cuarto de los padres de Ale. Rufo de inmediato los revisa; yo había llegado un poco antes y los había revisado.—¿Qué crees, Lilian? —me pregunta mientras sigue abriendo los ojos e iluminándolos en busca de señales.—Rufo, creo que van a despertar —di mi opinión experta—. Mira el movimiento rápido de sus ojos. ¿Qué opinas si le ponemos un acelerador para que lo acaben de hacer?—No hace falta, mira, abrieron los ojos —me muestra Rufo, inclinándose sobre ellos de inmediato—. Señor Minetti, señor Minetti, ¿cómo se siente? ¿Le duele algo?Él no responde, solo gira la cabeza y al ver a su esposa en la otra cama, hace ademán de sentarse.—No hagas eso, papá —se lo impide Ale
DAMIÁN:Por suerte, Lucila responde bien y despierta. De inmediato le quitan todos los aparatos. Y miraba feliz a todos a su alrededor, pero sobre todo a su ojeroso esposo. Le sonrió tímidamente.—Gracias —le dijo con una voz ronca a Rufo.—Ponte bien, sigue luchando —Rufo le acarició la mejilla—. Esa es la manera en que quiero que me lo agradezcas, linda. No te rindas, todos te amamos.Estamos todos felices de que ella haya despertado. Sonríe mientras me acaricia el rostro con cariño. Niega con la cabeza mientras asegura que luchará hasta el final.—Me voy, que el abuelo me llamó, dice que los padres de Alessandro parecen que van a despertar —dice Rufo y se gira hacia mi suegra—. Señora Libia, ¿puede venir? El abuelo la necesita.—No quiero dejar a Luci sola —se resiste la señora Libia.Pero Luci se apresura a
LILIAN:Mis manos se aferran a mi arma sin vacilación. Quiero salvarlo, lo deseo con todo mi corazón. Pero, de a poco, me doy cuenta de que no tiene salvación. Tiene una obsesión conmigo que no va a superar. Es una lástima, porque yo no puedo dar marcha atrás. Mi familia me espera.—Eso no era amor, Andy, no lo era. Yo no sabía lo que era amar hasta que conocí a Ale —respondí tajante, ahora cargada de dolor y determinación—. Es él quien me enseñó a amar. Lo amo de la manera más grande y más hermosa que puede existir. Por favor, deja que te siga recordando con cariño, por favor, no me hagas esto.—¿Ves? Todavía me amas, Lili —dice con una sonrisa victoriosa—. Si no, no me estuvieras pidiendo eso. No estuvieras rogándome que te deje ir.—No lo voy a negar. Todavía siento cariño
ALESSANDRO:El día estaba nublado, una suave llovizna no dejaba de caer. Como si las almas en penas lloraran. Era el día en que yo, Alessandro Minetti, el Capo di tutti i capi, el dragón número UNO, había decidido dejar volar al dragón rojo. ¿Dudas? Quizás, más de las que admitiría, pero hoy sería el día en que cada una de ellas iba a quedar resuelta, para bien o para mal.Nos levantamos bien temprano en silencio. Realicé todo lo que acostumbraba a hacer. Me vestí con ropa de campaña, como si me fuera a la guerra. Desde muy temprano, los dragones habían aparecido en mi casa, y cada cual salió hacia un destino predeterminado de antemano.Al llegar al viejo aeropuerto, desmonté junto a Lilian. Sin decirle nada, revisé cada una de sus armas. Sujeté con fuerza el chaleco antibalas y volví a asegurarme de que ambos







