LOGINSofía debía un millón que nunca podría pagar. Viktor Ivanov, el jefe de la mafia rusa más temido de Nueva York, no perdona deudas… pero esta vez decidió cobrarlas de otra forma. Una noche. Un contrato. Su virginidad a cambio de la libertad de su familia. Lo que ninguno esperaba era que el monstruo se enamorara de su presa… y que ella empezara a disfrutar de sus cadenas.
View MoreEl invierno se había ido sin hacer ruido. Como si, después de todo lo ocurrido, incluso el frío hubiera entendido que ya no tenía lugar ahí. La mansión Ivanov no era la misma… pero no porque hubiese cambiado su estructura, ni sus muros, ni sus ventanales enormes que dejaban entrar la luz de Moscú. Había cambiado lo que se sentía dentro. Ya no había tensión escondida en los pasillos. Ya no había silencios pesados en las esquinas. Había vida, vida de verdad, risas, pasos pequeños corriendo sin permiso, voces superpuestas en la cocina, y ese caos bonito que solo existe cuando una familia… está completa. --- En el jardín, la nieve derretida había dejado espacio a un verde tenue que comenzaba a despertar. Misha corría de un lado a otro con Alexei, ambos gritando algo sobre dragones y misiones imposibles, mientras Nikolai intentaba seguirles el paso con esa determinación torpe de los más pequeños. Y no muy lejos, Dragón Gris caminaba con ese aire de superioridad felina, como si en r
La ciudad parecía respirar distinto esa noche. No más fría… no más oscura… sino más consciente. Como si supiera que algo se estaba cerrando. El vehículo se detuvo frente a un edificio que no llamaba la atención a simple vista. Fachada elegante, luces sobrias, seguridad discreta… el tipo de lugar donde el peligro no se anuncia, se esconde. Pero Viktor lo reconoció de inmediato. —No cambió nada…— murmuró. —Eso es porque nunca se fue— respondió Dimitri. Carl soltó el aire desde atrás. —Qué bonito… el pasado con decoración nueva. Sofía no dijo nada, solo observó. Sintió. Ese lugar… no era suyo, pero lo sería por unos minutos, y eso bastaba. Viktor bajó primero. El aire golpeó seco, pero no fue lo que tensó sus hombros. Fue la memoria, cada paso hacia la entrada era un recuerdo que regresaba sin pedir permiso. Dimitri y Carl lo siguieron. Sofía bajó al final, nadie intentó detenerla, porque ya no era el momento de discutir eso, la puerta se abrió antes de que tocaran. Clar
La nieve no se había derretido… pero la calma sí. La mansión volvió a cerrarse tras ellos, y aunque las puertas quedaron firmes y los guardias en posición, ya nadie sentía ese falso resguardo de antes. Lo que había pasado afuera no fue un intento aislado… fue una declaración. Y Viktor lo sabía. No se quitó el abrigo al entrar. No habló de inmediato. No preguntó por Carl, aunque sabía que estaba siendo atendido. Sus pasos lo llevaron directo al despacho, como si ya no hubiera más rutas posibles. Dimitri lo siguió. —Esto no se queda así— dijo apenas cerró la puerta. —No— respondió Viktor. —No se queda así. Carl apareció segundos después, con el vendaje improvisado en el costado y una expresión que mezclaba dolor con terquedad. —No me iba a perder la reunión— murmuró. Dimitri lo miró de reojo. —Eres un imbécil. —Sí, pero útil. Viktor no intervino. Se apoyó contra el escritorio, mirando a ambos. —Esto ya no es Krasnova solamente. Dimitri asintió. —No. Esto es l
El segundo disparo no fue un aviso. Fue el inicio. El sonido rebotó entre los árboles que rodeaban la mansión, seco, preciso, seguido por el silbido de la bala pasando lo suficientemente cerca como para dejar claro que ya no estaban tanteando terreno. Estaban atacando. —¡Cobertura!— ordenó Dimitri con voz firme, moviéndose al instante. Carl reaccionó igual de rápido, tomando posición detrás de uno de los vehículos, mientras Viktor ni siquiera retrocedía del todo… avanzó un paso más antes de cubrirse, como si necesitara confirmar con sus propios ojos que esto estaba pasando. Y lo estaba. Las sombras comenzaron a moverse entre los árboles. No eran amateurs. Sabían lo que hacían. —Tres… no, cinco— murmuró Dimitri, observando con precisión. —Bien distribuidos. —Perfecto— resopló Carl. —Fiesta completa. Otro disparo. Esta vez sí dirigido. Impactó contra el metal del vehículo con un golpe seco, levantando pequeñas chispas. —Nos quieren medir— dijo Dimitri. —E






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