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¿Jugamos Al Amor? Solo Perderás Tu.
¿Jugamos Al Amor? Solo Perderás Tu.
Autor: Christopher W

Capítulo 1: Jugando Al Amor

last update Fecha de publicación: 2026-07-06 03:51:16

—¡Qué rico... ¡Dale más duro! Me encanta.

 ​—Me traes loco, Xiomara. Eres perfecta, deliciosa.

 ​—Y tú eres maravilloso, Rafael. Y lo serás aún más cuando tengas el dinero de esa fea... —se burló la mujer entre risas.

 ​Ambos llegaron al clímax de la pasión. Poco después, Rafael se levantó de la cama y se sentó en el borde; visiblemente agitado, le dijo a Xiomara:

 ​—No sé hasta dónde podré llegar con esa mujer. No la soporto, es tan horrible... Me repugna. No sé si pueda casarme con ella.

 ​—Tienes que hacerlo. Cristina es una mujer millonaria... Además, está loca por ti; te lo entregará todo en cuanto se casen. Imagínate, mi amor: seremos millonarios, lo tendremos todo.

 ​—¿A cambio de qué? ¿De tener que soportarla y... ¡uy, no!, acostarme con ella? Qué asco. Xiomara, yo solo quiero hacer el amor contigo. Además, no sé cómo vamos a mantener la mentira de que somos hermanos, y menos con esa vieja bruja de la nana vigilándonos.

 ​—Tú tranquilo. Ya verás que todo va a salir superbién. Ahora lo importante es que en dos días —dos maravillosos días— seremos millonarios.

 ​Inocente de lo que ocurría a sus espaldas, Cristina recibió feliz su vestido de novia.

 ​—¡Nana! ¡Nana! Mira, ya llegó el vestido... Está listo con el último arreglo —gritó Cristina emocionada, intentando caminar rápido, aunque la discapacidad de su pierna se lo impedía, esa lesión que nunca la dejaba disfrutar plenamente lde los momentos. 

 ​—Ya, hija, tranquila. Te puedes caer, no camines así —le pidió su nana al verla tan feliz, avanzando a prisa hacia las escaleras.

 Pero la nana no había terminado de hablar, cuando Cristina cae al piso, nuevamente, no era la primera vez que le sucedía eso.

 ​— ¡Ay por Dios ni niña!​— Gritó Beatriz, bajando a toda prisa las escaleras para ayudarla. 

 ​— Estoy bien nana, ya sabes, a veces olvido que soy una lisiada.

 ​—No digas eso mi amor, solo debes tener mas cuidado, eso es todo. 

 ​Cristina era la nobleza en persona; su corazón no conocía la maldad. A pesar de su dulzura, había sufrido mucho: perdió a sus padres en un accidente aéreo cuando era solo una niña, quedándose completamente sola en el mundo, con la única compañía de Beatriz, su fiel nana.

 Aquel vestido de novia, blanco y radiante, representaba para Cristina el milagro que jamás pensó vivir. Mientras lo contemplaba, sus ojos se desviaron inevitablemente hacia su pierna. El accidente del segundo piso de la mansión seguía doliendo, no tanto en los huesos como en el alma. Aquella caída la había dejado con una lesión permanente que la obligaba a usar un pesado estabilizador de metal; aun con el aparato, era imposible ocultar la marcada cojera que rompía el ritmo de sus pasos.

 ​Desde niña, el mundo había sido cruel con ella. Las risas ahogadas a sus espaldas y las miradas de lástima sembraron en su interior una timidez profunda, casi asfixiante. Sin embargo, en el corazón de Cristina no cabía el rencor. Su única defensa contra la crueldad ajena había sido volverse invisible: vestía siempre con faldas largas y discretas que intentaban disimular su discapacidad, llevaba el cabello un tanto descuidado y ocultaba su mirada tras unos lentes de armazón grueso. No quería que la vieran; le aterraba llamar la atención.

 ​Por eso, cuando Rafael apareció en su vida declarándole un amor incondicional y, poco después, pidiéndole matrimonio, Cristina sintió que el cielo por fin la miraba con piedad. ¿Cómo no entregarse por completo a un hombre que parecía ver más allá de sus defectos?

 ​Lo que la inocente joven no sospechaba era que su supuesta felicidad había sido fríamente calculada un año atrás.

 ​El vínculo tenía un nombre: Xiomara. Ambas habían compartido aulas en la universidad, pero mientras Cristina transitaba los pasillos intentando pasar desapercibida, Xiomara lo hacía devorando el mundo con la mirada. Procedente de una familia muy humilde, Xiomara había logrado estudiar gracias a una beca, un logro que en lugar de llenarla de orgullo, le sembró una envidia amarga y corrosiva. Para ella, el destino era profundamente injusto: le parecía un insulto de la vida que ella, siendo tan hermosa, sensual y elegante, tuviera los bolsillos vacíos, mientras que Cristina, a quien consideraba "fea" y patética, lo tuviera absolutamente todo.

 ​La riqueza de Cristina no era un privilegio que mereciera; era un botín que debía ser arrebatado.

 ​Con esa obsesión grabada en la mente, Xiomara tejió la red. Le presentó a Rafael, el hombre que siempre había sido su enamorado y que estaba dispuesto a lo que fuera con tal de no perderla. Rafael la amaba con una devoción ciega, casi enferma; por eso, aceptó el macabro plan de seducir a la millonaria y arrastrarla al altar para despojarla de cada centavo.

 ​Para blindar el engaño y justificar la constante presencia de Rafael cerca de ellas sin levantar las sospechas de la nana Beatriz, Xiomara inventó una coartada perfecta. Mirando a Cristina a los ojos con una falsa dulzura, le había asegurado que Rafael era su medio hermano, un hijo que su madre había tenido en otro compromiso.

 ​Cristina, que no conocía la maldad, creyó cada palabra, sin saber que los supuestos hermanos compartían la misma cama, las mismas sábanas y el mismo deseo de verla destruida.

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