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Un nuevo amigo

last update Fecha de publicación: 2021-07-11 06:44:17

Chloe POV

Sentí mis piernas moverse por sí solas, no podía controlarlas. 

Era como si mi cuerpo tomara vida propia e hiciera caso omiso a mis pensamientos y mis pensamientos hicieran caso omiso a lo que decía mi corazón, y mi corazón hiciera c

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Último capítulo

  • ¿Te amo? ¡No, te odio!    Un final de cuento más real

    Una hermosa mujer de ondulados cabellos rubios se mecía maravillada en uno de los columpios junto a otra pequeña muy parecida a ella.Ambas con el mismo tono de cabello, los mismos ojos grises y la misma sonrisa de niña de cinco años en su primera fiesta de cumpleaños. Jugaban entre ellas, y ganaba la que llegara más alto al columpiarse.Como siempre, la mujer se dejaba vencer, haciendo la victoria de la niña fuera más gratificante.—¡Te gané mamá! ¿Viste? ¿Viste como casi llego hasta las nubes y chocó con ese avión? —apuntó un punto negro en el cielo—. ¿Viste mamá? ¡Soy la mejor! Cuando sea más grande llegar&

  • ¿Te amo? ¡No, te odio!    La familia feliz

    — ¡Esto es suficiente! ¡Quiero el divorcio! —gritó Chloe totalmente indignada, golpeando la mesa que tenía enfrente con los puños.No podía que creer que Aitor le hiciera aquello, simplemente creía que tenía un esposo diferente; alguien en quien podía confiar y que al darle la espalda, éste no aprovecharía para hacer de las suyas.Aitor, que se encontraba con el torso descubierto y sin pantalones, y las únicas prendas que cubrían su anatomía eran los bóxers, los calcetines y una corbata roja atada en el cuello, no parecía tomar muy en serio las palabras de su esposa, así que se limitó a alejar la mirada de sus manos y la posó en los ojos aceitunados de ella.

  • ¿Te amo? ¡No, te odio!    Una "casi" propuesta

    Salimos a toda velocidad en el Avenger, mientras nos carcajeábamos a más no poder.A Aitor se le salían las lágrimas de tanto reírse y hacía todo un esfuerzo por mantener en línea recta el auto. Yo me agarraba con fuerza el estómago, tratando de controlar el dolor que sentía en el abdomen.—¡No puedo creer que hicieras eso! Todavía no puedo…no puedo superarlo —hablé entre risas.—Se me ocurrió en el último instante, pero ¡viste la cara que puso! Creo que quería llorar —rió nuevamente con mayor furor.—Lo vi por unos segundos. Me dio tanto asco, que dejé

  • ¿Te amo? ¡No, te odio!    Venganza

    Un par de días pasaron y las preguntas que antes tenía en mente, se fueron respondiendo a su paso. Erick, Owen y Katrina se habían contagiado de la peor enfermedad epidemiológica: el amor.Y pronto, Amanda se presentaría en el altar con su vestido blanco, el cual por cierto tenía hace semanas, ya que ella misma había contribuido con el diseño. Todo el ambiente era como chispitas de chocolate, miel y aroma a flores, todos riendo y suspirando como tontos enamorados, incluso yo que me esmeraba tanto por ocultarlo.Aitor y yo salimos a pasear, teníamos tanta imaginación y tantas tonterías que decir que nunca pasábamos más de tres minutos sin hablar.Jamás creí que nuest

  • ¿Te amo? ¡No, te odio!    Todo en su lugar

    Pasaron dos meses más junto con una tranquilidad excesiva.Mi mamá me había visitado el Día de San Valentín y me había regalado unos boletos de viaje redondo para dos personas a las playas del Caribe, opacando angustiosamente las inmensos ramos de rosas, los apetecibles y dulces bombones de chocolate, y la esplendorosa y seguramente muy costosa cena que preparó esa noche.Lo había hecho con la idea de que Aitor y yo fuéramos a pasar unos cuantos días ahí, para que “nos divirtiéramos sin límites” como había insinuado ella. Pero decidí que ella se merecía ese viaje, por lo que a las próximas vacaciones de verano, iría con ella a esas paradisiacas playas.

  • ¿Te amo? ¡No, te odio!    Cupido flechó a todos

    Nos detuvimos unos cinco metros antes de entrar a mi departamento y entregarnos a la tortura de las calumniadoras miradas que seguramente tendrían mis amigas.Me giré lentamente hacía Aitor, que con las manos en los bolsillos miraba por encima de mi hombro la puerta con una enorme sonrisa. No comprendía aquella felicidad que lo embargaba y mucho menos la despreocupación que poseía su cuerpo, el cual no hacía nada por compartir un poco de esa tranquilidad sobre mí.—Tu calma me altera —repliqué, mirándolo por el rabillo del ojo.Aitor se limitó a alzar los hombros.

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