La estancia estaba sumida en una penumbra suave, teñida de tonos plateados y azul profundo, como si el cielo nocturno se hubiera derramado sobre las paredes y se hubiera quedado allí, quieto, respirando conmigo. Mis dedos rozaban la superficie de la ventana, fría y lisa, y a través de ella veía el Olimpo extenderse bajo mis pies: cumbres de mármol blanco que brillaban con luz propia, fuentes de agua cristalina que cantaban al caer, columnas doradas que parecían sostener el firmamento. Todo era perfecto, majestuoso… y yo era parte de ello.Cerré los ojos y sentí el poder fluir por mis venas, no como antes, cuando era algo extraño que debía contener, sino como una extensión de mí misma: cálido, inmenso, sin límites. Podía sentir cada corriente de aire que recorría los jardines, el latido de cada corazón que habitaba el palacio, el murmullo de las aguas que nacían en la cima y bajaban hasta el mundo de los mortales. Era como tener el universo entero en las palmas de las manos, dispuesto
Last Updated : 2026-09-25 Read more