El aire que golpeó mi rostro al cruzar el umbral entre el mundo de los muertos y el reino de los dioses fue tan frío que dolió en los huesos, como si el propio aliento del invierno se hubiera adelantado para recibirme. Mis piernas temblaban, no por el cansancio del viaje, sino por la pesadez que aún cargaba en el alma tras haber caminado por los campos de castigo y los prados de asfódelos. Pero no tuve tiempo de recuperar el aliento, porque antes de que pudiera dar un paso firme, el cuerpo de Perséfone se desplomó contra mí.La sostuve con todas mis fuerzas, sus ropas de seda negra y terciopelo pesaban como si estuvieran hechas de plomo. Sus ojos, antes oscuros y profundos como abismos sin fondo, se pusieron en blanco por unos instantes, y su respiración se entrecortó en pequeños jadeos asustados. La sujeté por los hombros, sintiendo cómo su corazón latía desbocado contra el mío.-Kore -susurré, acercándola más a mí-, respira. Ya estamos fuera.Poco a poco, el brillo vacío abandonó su
Última actualización : 2026-08-25 Leer más