Amoldarse al otro fue cuestión de poco tiempo, por más que se repitieran que las cosas no tenían tanta relevancia en sus vidas, las miradas, los acercamientos y las excusas para ver al otro, delataron su deseo de estar siempre juntos. Aunque el acuerdo inicial fue no vivir juntos, la casa de Braulio se sintió solitaria y Adelina sintió irremediablemente que en donde estaba no era su lugar. Cada día buscaba el rostro de su esposo y cuando lo veía, por fin dejaba de sentir que algo faltaba. Las cenas, las reuniones y todo en lo que pudiera estar presente, era de su interés. Quería verlo, por muy absurdo que se viera, había una necesidad extrema a querer tenerlo lo más cerca posible, escuchar como sus latidos se aceleraban de nuevo, sentirlo una vez más, como en su boda y las horas posteriores al evento. Pero al estar en la mesa, con una cena recién cocinada, debía disimular que el hombre que la veía a cada nada o de reojo, la ponía nerviosa.Se sintió ridícula, pero no podían culparl
Última actualización : 2024-02-22 Leer más