Gabriela bajó la mirada, como si cada palabra que pronunciaba arrancara un pedazo de su alma.—Todo lo que hice fue para protegerte —susurró, con una voz que apenas se sostenía.Ernesto soltó una carcajada seca, cargada de desdén.—¿Protegerme? —replicó, con una sonrisa torcida—. ¿Crees que abandonarme fue un acto noble? ¡Eres una hipócrita, Gabriela! Una cínica…—¡Un momento! —lo interrumpió, alzando la voz con inesperada firmeza—. Entiendo que estés molesto, que necesites desahogarte, pero no voy a permitir que me insultes. No cuando no sabes por lo que he pasado.Ernesto dio un paso al frente, sus ojos fijos en ella como si intentaran atravesar sus defensas.—Entonces, déjame pasar. Dame tus excusas, aunque sean mentiras.—¡No lo son! —respondió Gabriela, clavando su mirada en la de él. Se apartó, abriendo la puerta con un movimiento brusco—. Pasa.Por un instante, Ernesto vaciló. Pero entró, cargando el espacio con su presencia y la tensión de todo lo no dicho. Gabriela, sintiéndo
Última actualización : 2024-12-13 Leer más