Ya el hogar no era un lugar donde la frialdad de Noah dictaba el ritmo. Ahora, una calidez inusual impregnaba el aire, tejida con las miradas cómplices y los gestos tiernos entre Noah y Amelia.El personal, acostumbrado a la distancia del señor Koch, no tardó en notar los cambios. Las sonrisas de Amelia eran más frecuentes y espontáneas, y Noah, el "gruñón" como le llamaban a sus espaldas, se mostraba sorprendentemente atento, un gesto inaudito para él.Lucero, siempre observando desde su puesto, notó cada detalle. La forma en que Noah esperaba a Amelia para el desayuno, cómo le preguntaba por sus clases de floristería, o el simple hecho de que se rieran juntos en el comedor.La confrontación en la habitación de Amelia la había dejado reflexiva, y aunque la preocupación seguía anidada en su corazón, ver a su sobrina feliz, y al señor Koch tan distinto, la hacía sentir un extraño alivio.Más tarde, mientras Amelia ayudaba a Alma a planificar las compras de la mansión, Lucero se acercó.
Última actualización : 2025-06-27 Leer más