Capítulo 122 — Mentiras piadosas y una decisión temerariaComo cada día desde que se oficializó su compromiso, Arturo acudía a visitar a Virginia, cumpliendo con el ritual del cortejo que la sociedad esperaba, pero que ellos habían convertido en su momento de refugio personal.Virginia no estaba sentada en el sofá con un libro, ni bordando, ni siquiera mirando por la ventana con su habitual serenidad. Estaba de pie, caminando de un lado a otro sobre la alfombra persa, sus manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.Cuando Arturo entró, anunciado por el mayordomo, notó de inmediato la alteración en ella. Virginia se detuvo en seco, pero no sonrió. Su rostro estaba pálido, y había sombras bajo sus ojos que el maquillaje ligero no lograba ocultar.— Buenos días, mi querida Virginia —saludó él, acercándose para tomar sus manos. Las sintió frías, temblorosas—. Estás helada.— Buenos días, Arturo —respondió ella, con la voz tensa.El marqués no soltó su
Última actualización : 2026-01-14 Leer más