No habían comido nada en horas.El estómago de Anna ardía, no solo por el hambre, sino por la ansiedad que se le había instalado como un animal salvaje en el pecho. Agatha, en cambio, estaba demasiado tranquila. Extrañamente tranquila. Sentada contra la pared, la espalda recta, los ojos atentos, recorriendo cada rincón del lugar con una concentración casi quirúrgica.Anna lo notó.—Aggy… —susurró—. ¿Estás bien?Agatha no respondió de inmediato. Seguía observando. Contando pasos. Midiendo tiempos. Escuchando.—Estoy pensando —dijo al fin, en voz baja—. Él cree que estamos rotas. Ese es su primer error.Antes de que Anna pudiera responder, el sonido metálico de la cerradura resonó en la habitación.Ambas se tensaron.La puerta se abrió lentamente y Bruno entró con paso despreocupado, como si aquel lugar fuera su casa y ellas simples invitadas. Vestía igual que antes: jeans gastados, polera negra, la chaqueta abierta. En sus manos llevaba una bandeja con platos cubiertos.—Bueno, princes
Última actualización : 2026-02-09 Leer más