El pasillo que conducía a la oficina de Elio parecía más largo de lo normal. Las paredes revestidas de madera oscura, las alfombras impecables y los cuadros de artistas modernos daban un aire solemne y frío, tan parecido a él. Cristina avanzó con pasos elegantes, aunque en su interior su corazón latía con nerviosismo. Al llegar, la secretaria de Elio, una mujer joven de mirada profesional, levantó la vista del ordenador y le sonrió con educación. —Buenos días, signora Caruso. Su esposo la está esperando. Cristina asintió, devolviendo la sonrisa con cortesía. —Gracias. Se irguió, respiró hondo y abrió la puerta con la serenidad de quien quiere mostrar control. El interior de la oficina era amplio y majestuoso: estanterías de caoba, un ventanal enorme con vistas a la ciudad, y en el centro, un escritorio de vidrio oscuro que reflejaba la luz del sol. Dentro, había un hombre trajeado, con un portafolio en las manos. Cristina, algo confundida, saludó con suavidad. —Buenas ta
Última atualização : 2025-09-11 Ler mais