El eco de la puerta cerrándose detrás de ella sonó más fuerte que cualquier grito. Un portazo seco, definitivo, que sellaba el final de una vida y el inicio de otra. Shaya Moore permaneció unos segundos inmóvil en el pórtico de la mansión Pavón, temblando bajo la luz de los faroles, sin poder asimilar lo que acababa de ocurrir.La nieve caía sin piedad, como un manto blanco dispuesto a cubrirlo todo, incluso sus lágrimas. Vestía apenas un abrigo ligero, demasiado delgado para el invierno cruel de Nueva York, y unos zapatos que no estaban hechos para pisar hielo. Sus manos, desnudas, se aferraban a una pequeña cartera de piel que apenas contenía su teléfono apagado y un par de pertenencias sin valor.—Fuera de mi casa, Shaya —había dicho Santiago, con esa frialdad que ya no le sorprendía pero que aún la hería como una cuchilla.“Mi casa”. Dos palabras que la atravesaron con rabia. Porque había sido también su casa. Ella había elegido cada cortina, cada cuadro, cada detalle de esa mansi
Última actualización : 2025-09-16 Leer más