Ámbar salió de la habitación, pero antes de avanzar por el pasillo, se detuvo sin girar la vista hacia atrás.—Raymond… —pronunció.—¿Qué sucede? —preguntó él, atento.—La bebé...Raymond comprendió al instante y asintió con seriedad.—Yo me encargo —respondió—. Te la entregaré. Espera aquí y no entres de nuevo a la habitación.Raymond se internó nuevamente en el cuarto. El llanto del bebé continuaba, agudo y constante. Él tomó a la pequeña con cuidado, la sostuvo contra su pecho y se acercó a Ámbar, a quien se la entregó con delicadeza, asegurándose de que quedara bien acomodada entre sus brazos.—Por favor, mi amor, sal de la casa y espérame afuera. Y no vuelvas a entrar —indicó Raymond.Ámbar asintió sin discutir. Abrazó a la bebé como si ese pequeño cuerpo fuera lo único que la mantenía en pie, y se dirigió hacia la salida. Cruzó la puerta y salió al exterior, alejándose de la casa.Raymond, una vez solo, sacó su celular y marcó de inmediato a la policía. Mientras hablaba, comenzó
Última actualización : 2026-01-21 Leer más