El pasillo del hospital olía a desinfectante y a urgencia. La luz blanca, demasiado intensa, parecía querer borrar cualquier sombra, pero no lograba ocultar la tensión en el aire. Marcus Blackthorne caminaba de un lado a otro, con las manos crispadas en los bolsillos del abrigo. La corbata colgaba desajustada en su cuello; había salido de la oficina sin pensarlo, como un animal que reacciona al instinto. Un médico joven intentó acercarse, con gesto conciliador. —Señor, por favor, cálmese. Están trabajando con la paciente… Marcus lo interrumpió, la voz cargada de rabia y miedo. —¿Qué paciente? ¡Es la madre de mi hija! ¡Díganme dónde está! El médico parpadeó, sorprendido por el plural involuntario. Esa palabra —hija— parecía pesar en la boca de Marcus, como si nunca hubiera pensado en pronunciarla. Aun así, el joven asintió, bajando el tono. —La señora está en sala de partos, en este momento. Hay complicaciones, están preparando una cesárea de emergencia. El golpe de esas palabra
Última actualización : 2025-10-02 Leer más