Los días transcurren y Gio es mimado por Katerina, quien lo cuida con celo y entrega.—Ya estoy mejor, mi amor; descansa, muñequita —Él le acaricia el rostro con ternura.—No quiero que hagas ningún esfuerzo hasta que te sanes, Gio —replica ella con el ceño fruncido mientras lo mira con desaprobación.—Estás exagerando, solo me agaché a recoger las chanclas; si no me morí por el disparo, mucho menos por agacharme. —Él entorna los ojos.Katerina se exalta al escucharlo y, con la voz temblorosa, le reclama:—¡No vuelvas a decir eso, Gio! Cada vez que mencionas la muerte, no puedo evitar recordar ese horrible evento en el que casi te pierdo. —Ella empieza a llorar.Gio se enternece con su reacción.—Lo siento, mi amor, se me olvidó lo sensible que te encuentras en estos días. Deberías comerte una barra de chocolate y descansar.—Solo tengo la menstruación, Gio, tampoco estoy enferma. —Ella resopla.—No dije que estuvieras enferma, mujer. Ya, ven a acostarte con tu marido y deja de estres
Última actualización : 2026-08-25 Leer más