Bastaron dos semanas en Zúrich para evidenciar una mejora significativa en su pequeño. La doctora Keller, sin duda, era una especialista en el área que, aunque le repetía constantemente que el camino sería largo, los avances no dejaban de notarse. Por ejemplo: su hijo ya no se despertaba gritando cada noche gracias al medicamento suave para las pesadillas (un antihistamínico con efecto sedante que la doctora había prescrito). Dormía más profundo y, cuando soñaba, ya no era siempre con sangre. Esa mañana, en particular, observó la sesión desde detrás del vidrio unidireccional, como siempre. Alan estaba en la sala de juegos con la doctora Keller, sentado en una alfombra colorida rodeado de muñecos y una caja de arena. —Alan, ¿qué le pasa a este muñequito? —preguntó con voz suave la especialista, señalando un soldado de plástico tirado en la arena. El niño lo miró un rato, serio, y luego lo levantó despacio. —Estaba triste porque su papá se fue al cielo —dijo con voz clara, pero sin
Última actualización : 2026-01-05 Leer más