El despacho olía a madera encerada y a whisky caro.El sol atravesaba las cortinas pesadas, dibujando franjas doradas en el suelo que parecían dividir el espacio en territorios invisibles. Y Oscar Villeneuve, como siempre, ya había elegido el suyo.Cuando Dorian entró, su padre estaba de espaldas, girando el vaso entre los dedos, el líquido ámbar brillando en el cristal.Se sirvió sin pedir permiso, sin siquiera mirar al dueño del despacho.Un gesto simple, pero elocuente: la autoridad no se pide, se impone.—¿Qué significa todo esto, Dorian? —la voz de Oscar sonó calmada, pero cortante—. ¿Salir con una don nadie? ¿Y peor aú
Última actualización : 2026-02-20 Leer más