—Tomás, estás bromeando, ¿verdad? —dijo Tobin con desesperación—. Mi hermana te ama, y tú lo sabes. Eres su primer amor, su único hombre. ¿Cómo puedes abandonarla por una simple disputa? ¡Ella te ama tanto! ¡No puedes dejarla! Tomás lo miró con frialdad. Ya estaba acostumbrado a las tonterías de Tobin; las había escuchado desde hacía años. Recordó que incluso cuando Tobin tenía solo siete o ocho años, ya era igual de irracional, arrogante y molesto. Un verdadero caso perdido. —He tomado una decisión —respondió Tomás con voz firme y helada—. La amé en el pasado, y por eso les envié dinero durante un tiempo. Pero eso ya terminó. Desde ahora, Adriana y yo somos extraños. Si no me sueltas, solo podrás esperar tu desgracia. Tobin quedó sin palabras ante aquellas palabras tan duras, pero siguió aferrado al brazo de Tomás, negándose a soltarlo. Tomás, con el rostro sombrío, hizo una señal a los guardias cercanos para que intervinieran. —Quítenmelo de encima. Tobin forcejeó
Última actualización : 2025-12-20 Leer más