Aquel hombre sonrió con una lentitud inquietante, una sonrisa torcida que jamás alcanzó a tocarle los ojos. Era una expresión vacía, calculada, casi mecánica.Su mirada descendió sin pudor por el cuerpo de Marianne, como si ella no fuera una persona, sino un objeto expuesto, una posesión efímera a su alcance.Marianne yacía sobre la cama, inmóvil, atrapada en un estado extraño entre la vigilia y el desmayo.La blusa desabrochada dejaba su piel vulnerable al aire frío de la habitación, y su respiración era irregular, entrecortada, como si cada bocanada de oxígeno le costara un esfuerzo descomunal.Sentía el cuerpo pesado, ajeno. Intentaba concentrarse, entender dónde estaba, qué había pasado, pero su mente se deslizaba constantemente hacia una niebla espesa.Todo le parecía lejano, distorsionado, como si observara la realidad desde el fondo de un lago oscuro.—Es muy bella… —murmuró el hombre, con un tono cargado de intención—. ¿Qué tal aprovecharlo?Sus palabras resonaron como un eco
Última actualización : 2026-02-02 Leer más