Matteo sintió el peso suave de la mano de su hermana apoyarse en su brazo y, por un instante, tuvo que tragar saliva para que la emoción no le rompiera la voz. Caminaron despacio. No era un trayecto largo, pero el tiempo pareció estirarse con cada paso sobre la piedra clara, con el leve roce de la tela del vestido que se mezclaba con el sonido del agua moviéndose contra los pilares del kiosko. Fiorina no apartaba la mirada del hombre que esperaba por ella junto al abogado. Giorgio seguía inmóvil, como si temiera que cualquier movimiento rompiera aquel momento. Sus ojos grises estaban fijos en ella, abiertos con una intensidad que no intentaba esconder. Ya no era el empresario, ni el heredero, ni el hombre que dominaba salas de negociación. Era el niño que la había esperado. El hombre que la había encontrado. Matteo inclinó apenas el rostro hacia ella. —Nunca dejé de buscarte, Gin. Y si no lo hice, fue por Giorgio… —dijo él, y la miró con orgullo—. Es el único hombre en
Última actualización : 2026-02-16 Leer más