—Quítate, Victoria. Necesito ir, no puedo seguir esperando aquí.—¡No te voy a dejar ir a ninguna parte! —le gritó ella, empujándolo por el pecho sano—. ¡Mírate! ¡Apenas puedes estar de pie! ¡Estás a punto de derrumbarte! ¿Qué vas a hacer allá afuera? ¿Vas a correr tras los sicarios? ¡Te vas a desmayar antes de llegar a la camioneta!—¡Es mi hija! —rugió Bruno, y por primera vez levantó la vista.Victoria retrocedió un paso ante lo que vio. No era ira. Era terror. Un terror absoluto y devastador.—¡Es mi niña, Victoria! ¡La dejé sola! ¡Me puse a pelear con Arthur, te traje a ti y a Nathan... y la dejé a ella sola! Debí traerla ¡Si le pasa algo, fui yo!Bruno intentó apartarla, pero el movimiento brusco le pasó factura. Un espasmo de dolor le recorrió el tórax, cortándole la respiración. Soltó el arma, que cayó al suelo con un golpe sordo, y se dobló sobre sí mismo, jadeando, con la cara contorsionada.Victoria no lo dejó caer. Lo sostuvo, metiendo sus brazos bajo los de él, soportand
Última actualización : 2026-01-14 Leer más