El amanecer en el ático de Spencer no entró con la delicadeza de los rayos de sol, sino con el calor de su aliento contra mi oreja. Me desperté lentamente, emergiendo de un sueño profundo inducido por los analgésicos, pero lo que me devolvió a la realidad no fue el dolor de mi mano, sino el rastro de fuego que los labios de Spencer estaban dibujando por mi espalda.Estaba acostada de lado, protegida por su cuerpo que se amoldaba al mío como una segunda piel. Sus manos, esas manos que ayer movieron vigas de acero, ahora recorrían mi cintura con una suavidad eléctrica. Sentí sus besos descender por mi columna, uno a uno, deteniéndose en la base de mi espalda antes de volver a subir hacia mi cuello.—Spencer… —jadeé, mi voz apenas un susurro quebrado por el sueño.—No te muevas —gruñó él contra mi piel. Su voz era un trueno bajo, cargado de una posesividad que me hizo vibrar.Se posicionó detrás de mí, manteniendo su peso alejado de mi brazo herido con una precisión quirúrgica. Sentí su
Última atualização : 2026-02-09 Ler mais