La sala estaba en silencio. No un silencio cómodo, sino uno denso, cargado, como si el aire se hubiera vuelto más pesado de pronto. Vega estaba sentada en uno de los sillones, con la espalda recta por pura costumbre, aunque por dentro se sentía frágil, cansada, exhausta de huir sin moverse. Alonso Trovatto permanecía de pie, a pocos pasos de ella. Su presencia llenaba el espacio con una facilidad inquietante. No necesitaba acercarse para imponer autoridad; bastaba con estar. —Vega —dijo nuevamente. Su voz era baja. Controlada. Demasiado calmada. Ella alzó la mirada, pero apenas lo suficiente para encontrar su pecho, el nudo perfecto de su corbata, la línea impecable de su traje oscuro. No subió más. —¿Sabes cuáles son los planes de Theodore? La pregunta cayó como una sentencia. Vega sintió cómo el cuerpo le traicionaba. Un temblor leve, casi imperceptible, recorrió sus manos. Tragó saliva. El nombre de Theodore seguía siendo un disparador, una herida que no terminaba de cerr
Última actualización : 2026-01-21 Leer más