La fiesta de bienvenida transcurría entre risas y brindis, pero en los rincones de la mansión, los secretos seguían fluyendo. Mientras todos celebraban, Zhang y Elizabeth compartieron una mirada cargada de electricidad; él le rozó la mano vendada, un recordatorio silencioso de que su "deuda" en casa aún no estaba saldada, mientras ella le sonreía con esa audacia que tanto lo volvía loco.De pronto, el ambiente se tensó. Mein Ling, que estaba conversando con la abuela Marta, se llevó una mano a la sien y tambaleó. Arrieta, que siempre tiene un ojo clínico puesto en la familia, se acercó de inmediato para sostenerla por el brazo.—Mein, estás pálida. Siéntate —ordenó Arrieta con suavidad.Wei y Zhang dejaron lo que estaban haciendo y corrieron hacia su madre, con los rostros desencajados por la preocupación.—¡Madre! ¿Qué pasa? —preguntó Wei, rodeándola con su brazo.—Es solo un mareo, hijos... no es nada —susurró Mein intentando recuperar el aliento.Arrieta le tomó el pulso y revisó s
Última actualización : 2026-05-02 Leer más