Edward deseaba el castigo con la misma intensidad con la que un converso desea la bendición, pero Catherine se lo dosificaba como una tortura refinada, manteniéndolo en el umbral del deseo y el desprecio, obligándolo a presenciar cómo otros hombres, inferiores en rango y fuerza, disfrutaban del contacto que a él le estaba vedado.Aun así, la naturaleza humana de Edward lo traicionaba ante los sentidos agudizados de los inmortales que habitaban la alcoba. Catherine podía percebir, con el deleite sádico de un depredador que analiza las vísceras de su presa, el corazón acelerado del soldado, que chocaba con violencia desbocada contra sus huesos pectorales, provocando un eco sordo que resonaba en los oídos de la reina. Podía sentir también la erección tensa y dolorosa que se escondía de forma patética tras el faldón de acero de la armadura, un impulso carnal que
Última actualización : 2026-07-06 Leer más