Aquella señora era, al parecer, la segunda esposa.La primera había fallecido joven y había dejado un hijo, aunque su relación con la familia Aguirre no era precisamente cercana.Pero, al fin y al cabo, donde hay madrastra, suele aparecer también un padrastro. Ni siquiera las familias adineradas se salvan de eso.A las diez de la noche, Elena volvió a ducharse y luego hizo una videollamada a Lulu. Quería saber si había algún avance con el asunto de Bruno.Colocó el celular sobre la mesa de noche y, mientras se aplicaba crema corporal, esperó a que la llamada se conectara.En cuanto escuchó el sonido de conexión, habló sin mirar la pantalla:—Cariño, te digo algo. En la próxima vida sí o sí voy a conquistar al heredero de la familia Aguirre, te voy a llevar conmigo a vivir rodeada de lujos. Lástima que en esta vida ya no se pueda.Levantó una pierna y la apoyó en el borde de la cama, presionó el dispensador y extendió una buena cantidad de crema por la pantorrilla.—Por cierto, ¿hay alg
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