La respiración de Débora casi se detuvo. Estaba muy nerviosa, la atmósfera le parecía extraña y solo quería escapar de inmediato.—Sr. González, quiero bajar.Intentó abrir la puerta. De repente, su muñeca fue agarrada. Una fuerza poderosa la jaló hacia adelante y su cuerpo, fuera de control, se inclinó. Antes de que pudiera reaccionar, unos labios fríos se posaron sobre los suyos.La mente de Débora quedó en blanco, incluso olvidó resistirse. Sus labios suaves, fríos pero tiernos. Pausados, pero con un dejo de pasión, a la vez intensos y temerosos de asustarla, sus movimientos eran delicados.El hombre abrió los ojos. Al ver a Débora aún aturdida, una sonrisa asomó en sus ojos. Su mano rodeó su nuca, profundizando el beso.Fue como una descarga eléctrica. Una sensación de hormigueo se extendió desde sus labios, como si paralizara su corazón. Por un instante, su pecho dejó de latir, luego comenzó a palpitar de manera irregular, como si al segundo siguiente fuera a saltar de s
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