Afuera había once cámaras. Valeria las contó desde el auto porque contar siempre le ordenaba mejor el mundo que respirar. Once era un número incómodo: suficiente para una portada, para treinta segundos de noticiero, para tres titulares distintos con el apellido Miller puesto donde ninguna de las partes lo había escrito y ambas, sin embargo, iban a utilizarlo igual. A su derecha, Alice se quitó el cinturón con la concentración exacta de quien sabe que cada movimiento inútil antes de entrar a una sala puede costar demasiado después. Llevaba el abrigo gris marengo, el pelo recogido sin intención estética y la cara de alguien que había dormido poco, había perdido demasiado y, aun así, seguía pareciendo la persona más competente del edificio. Treinta y tres semanas, pensó Valeria. Y todavía caminaba como si el mundo fuera a tener que abrirse para dejarla pasar a ella, no al revés. —¿Bien? —preguntó, no porque dudara de la respuesta, sino porque ese era el ritual. Alice bajó la mano
Última actualización : 2026-04-04 Leer más