Cinco semanas después del mareo, el Hotel Miller tenía un noventa y uno por ciento de ocupación y Alice había dejado de fingir, antes del mediodía, que todavía cabía cómodamente en los zapatos de tacón. A las doce del martes, los números en la pantalla eran los mejores que había visto en tres años. Noventa y uno por ciento de ocupación. Dieciséis reservas confirmadas para el mes siguiente. Tres solicitudes de evento corporativo ya evaluadas por Eduardo y marcadas como viables sin necesidad de elevarlas a su escritorio. Alice las revisó una vez. Luego otra. No por desconfianza, sino por disciplina. Los números buenos también exigían atención. Había aprendido, en los meses al frente del hotel, que una mejora real no se celebraba antes de tiempo: se comprobaba. La segunda lectura no cambió nada. Los datos seguían siendo sólidos. Se recostó apenas en la silla. Debajo del escritorio, sobre la moqueta gris del despacho, tenía los pies descalzos desde las diez de la mañana. A esa hor
Última actualización : 2026-03-21 Leer más