Las manos de Fabio se quedaron congeladas en medio del aire, con la pistola todavía apuntándome a la sien.Sin embargo, su cuello giró, lento y forzado… como un engranaje oxidado.Cuando por fin vio quién estaba en la puerta, fue como si le hubieran drenado toda la sangre del cuerpo. Su cara arrogante se volvió, al instante, de un blanco mortal.—¿D-Don Romero…?La pistola se le resbaló y cayó al suelo con un estruendo metálico.—¿Q-Qué… qué hace usted aquí?Reina todavía no captaba la gravedad del asunto. Nunca había visto a ese hombre legendario que, según decían, tenía a todo el bajo mundo de la ciudad de Sicizana bajo su control. Para ella, no era más que un matón cualquiera, sucio, ensangrentado… con un aura asesina.Soltó una risita de desprecio, levantó la nariz con asco y, aun así, siguió aferrándose cariñosamente al brazo de Fabio mientras se quejaba:—¿Y este quién es, Fabio? ¿Por qué está lleno de sangre? Qué asco, de verdad… No me digas que también es otro actor de
Leer más