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Embarazo y Explosión: Él Enloqueció
Embarazo y Explosión: Él Enloqueció
ผู้แต่ง: Lía Vallejo

Capítulo 1

ผู้เขียน: Lía Vallejo
—¡Una bomba! ¡Protejan a Don Romero!

Un grito desgarró el aire de golpe.

Vi al terrorista enloquecido, con explosivos amarrados por todo el cuerpo, y di un paso atrás por instinto.

Los recuerdos de mi vida pasada —de cuando me arrancaban los órganos mientras yo me retorcía de un dolor insoportable— seguían frescos. Ese dolor todavía no se borraba de mi mente cuando el caos del salón de banquetes me cayó encima como una ola.

He renacido… y regresé justo a este punto: el momento en que estaban a punto de atacar a Giorgo Romero, el Don.

Al recuperar la calma, me llevé una mano al vientre, enorme por el embarazo. Mi bebé seguía vivo. Aún no era tarde para nosotros.

En medio del descontrol, me quité del dedo el anillo de alerta de emergencia y lo lancé al basurero que estaba a unos pasos de mí.

El Don había quedado expuesto, vulnerable, atrapado entre una multitud fuera de control. El terrorista ya había roto todas las defensas. Tenía el dedo sobre el detonador y se lanzó directo hacia él.

Sin pensarlo, empujé al Don detrás de una enorme columna de mármol y usé mi cuerpo como escudo para cubrirlo.

La explosión ensordecedora estalló al instante.

Una bocanada de aire ardiente, cargada de esquirlas de mármol y escombros, me golpeó la espalda. El impacto me lanzó hacia adelante y caí de rodillas, mientras un dolor punzante me atravesaba hasta los huesos.

Tosí un par de veces, con sangre escurriéndome por las comisuras de los labios.

Y entonces, bajo la mirada atónita del Don, lo cubrí otra vez cuando una roca enorme se vino abajo.

—C-Cuidado, Don Romero… La «Famiglia» todavía lo necesita…

Vi cómo la sorpresa en sus ojos se transformaba, poco a poco, en gratitud. En ese instante supe que esta vez había apostado bien.

Mi esposo, Fabio López, era el Capo de la Famiglia Romero, y se suponía que debía estar siempre al lado del Don.

Sin embargo, durante la emboscada de hoy, Fabio no aparecía por ningún lado. Todo porque su amor de la infancia, Reina Digiorno, le dijo que quería ir a ver un desfile de moda en otro lugar. Así que él abandonó sus deberes y hasta se llevó al resto de la «Guardie del Corpo» para escoltarla al recinto del evento.

En mi vida pasada, yo había temido que castigaran a Fabio por su descuido, así que lo llamé de vuelta presionando el botón de mi anillo de emergencia.

Aunque al principio había abandonado su puesto, gracias a la alerta alcanzó a regresar a tiempo… y después lo ascendieron al puesto de «subjefe».

Pero luego Fabio me acusó de ser una vanidosa y me echó encima la culpa de la muerte de Reina. Me vendió a una subasta del mercado negro, donde mi bebé y yo terminamos torturados hasta morir.

Como el destino me había dado una segunda oportunidad, me juré que no iba a permitir que lo mismo nos pasara otra vez.

Cuando el estruendo se apagó, quedamos rodeados por los restos desperdigados del atacante. Aun así, el Don estaba a salvo… gracias a mí.

En ese momento, los «soldati» por fin llegaron tras recibir la noticia del ataque. Alzaron sus armas y sellaron toda la zona.

La crisis había terminado.

Sin embargo, pude sentir con claridad cómo los movimientos en mi vientre se iban apagando. Sangre tibia y pegajosa se deslizaba desde la herida abierta en mi espalda, y no pude evitar temblar.

¡Tenía ocho meses de embarazo!

Extendí la mano como si intentara proteger algo, pero la vista se me nubló de repente, todo se volvió negro… y me desplomé.

El Don me sostuvo de inmediato, desesperado, gritando:

—¡Traigan al «medico»! ¡Ahora mismo! ¿Quién vino con ella? ¡Tráiganlo de inmediato!

Quise hablar, pero la sangre no dejaba de brotarme de la boca entre cada tos, impidiéndomelo. Aun así, el Don no mostró asco; se inclinó más, intentando escucharme.

Reuní todas mis fuerzas y dije lo más claro que pude:

—Me llamo… Sirena Cabrera… y soy la esposa de El Capo López…
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