Después de ver todos los animales del rancho, Joaquim llevó un poni hasta la pista ecuestre, y los ojos de Dália brillaron aún más.–¡Es tan lindo!– dijo ella, sonriendo.–Puedes acercarte, es muy dócil, no hace daño–Dália se acercó al poni, le dio una manzana, acarició y cepilló su crin, mirando al animal como si estuviera contemplando a una criatura fantástica de sus libros de historia.–¿Vamos a montar?– preguntó Joaquim.–¿Estás seguro de que es seguro?– preguntó Júlia con recelo, y yo no estaba diferente.–Claro, es doméstica, nació y creció aquí, y mis sobrinos ya montaron en ella. Está acostumbrada y nunca ha derribado a nadie–Júlia me miró pidiendo permiso, y Dália hizo lo mismo. Y, una vez más, ambas me ganaron.–Puedes ir–Joaquim colocó la silla al poni, y Dália montó con su ayuda, debidamente equipada.–¡Papá, mira!– dijo Dália, saludándome mientras Joaquim sostenía las riendas del poni, guiándolo cuidadosamente por la pista.Le devolví el saludo a Dália sonriendo y miré
Última actualización : 2026-02-27 Leer más