El calor de Dubái no daba la bienvenida, golpeaba.Apenas las puertas del aeropuerto se abrieron, una ráfaga de aire caliente envolvió al grupo como una advertencia silenciosa de que estaban lejos de casa.—Esto no es calor, esto es un castigo divino. —Murmuró Felipe, aflojándose el cuello de la camisa con dramatismo. —¿Quién vive aquí voluntariamente?—Gente con dinero. —Respondió Rowan con calma, ajustándose las gafas de sol.—Entonces ya entiendo por qué Lily se quedó. —Añadió Felipe con una sonrisa ladeada. —Siempre tuvo buen gusto.—Y tú siempre has sido un idiøta. —Intervino Rebecca, dándole un leve golpe en el brazo.—Becca, cariño, no destruyas mi esencia.—Tu esencia es el problema.—Ya empezamos… —Murmuró Elara, soltando una risa suave mientras acomodaba al pequeño pelirrojo en su cadera.—Mamá… ¿Esto es un desierto? —El niño, de tres años, miraba todo con ojos enormes, fascinado.—Sí, mi amor.—Hace calor. —Se quejó.—Mucho. —Aceptó Elara sonriendo.—No me gusta. —El pelirr
Última actualización : 2026-04-17 Leer más