DAFNEAbrí los ojos y vi el techo blanco.Otra vez el maldito techo blanco.Cada mañana era igual. Despertar, ver ese techo sin una sola grieta, sin una mancha, sin un rasguño, y recordar que no estaba en mi casa, ni en un hotel, ni en ningún lugar donde yo hubiera elegido estar. Estaba en una jaula disfrazada de clínica, con paredes acolchadas en algunos pasillos, puertas que no se abrían desde adentro y ventanas que solo dejaban pasar la luz pero no la libertad.Cerré los ojos un segundo. Y ahí estaba. Como cada mañana. Como cada noche. Como cada vez que bajaba la guardia.Ana.De pie frente a mí, con los ojos abiertos y la bata manchada de rojo, mirándome sin parpadear. No decía nada. Solo me miraba. Y su silencio era peor que cualquier grito, que cualquier acusación, que cualquier disparo.—No estás aquí —murmuré, apretando las sábanas con los puños—. No eres real. Estás muerta.Ana no respondió. Nunca respondía. Solo se quedaba ahí, mirándome, hasta que yo abría los ojos y la luz
Última actualización : 2026-04-10 Leer más