El rugido del motor de la lancha sonaba como los latidos de un corazón agonizante en medio del silencio opresivo del manglar. Detrás de ellos, el cielo de Barranquilla seguía teñido de rojo, no por el amanecer, sino por el fuego que devoraba los restos del imperio de Sebastián. Una columna de humo negro se alzaba hacia el cielo, sirviendo de lápida gigante a la fortaleza que acababan de abandonar.Valentina estaba sentada en el suelo mojado de la embarcación, sosteniendo la cabeza de Sebastián sobre sus muslos. El hombre ya no estaba completamente consciente. Su rostro, lleno de cicatrices, aparecía amoratado debido a la fiebre altísima que consumía su cuerpo. La sangre de su hombro seguía manando, empapando el vestido de Elena, ahora hecho jirones.¡Miguel, apaga el motor! susurró Valentina, con la voz ronca por haber inhalado el humo de las explosiones.¡Pero hermana, todavía estamos demasiado cerca de la costa! protestó Miguel, con la mano temblorosa aferrada al timón.¡Este mo
Terakhir Diperbarui : 2026-04-24 Baca selengkapnya