El aire en Medellín esa mañana se sentía limpio después de la lluvia de la noche anterior, como si la naturaleza misma supiera que se avecinaba una gran purificación. En la habitación principal de la Mansión El Poblado, Valentina ya no yacía débil. Aunque aún necesitaba descansar, estaba sentada erguida en su sillón tapizado, vestida con una bata de seda de un negro profundo, con una laptop en sus piernas. A su lado, Sebastián permanecía de pie erguido, vestido con un impecable traje de tres piezas, mirando la pantalla grande en la pared que transmitía en directo desde la sede de la Policía Federal.Ha llegado la hora, Vale dijo Sebastián, su voz baja pero cargada de la vibración de la victoria.En la pantalla se veía el caos frente a la entrada de la Villa Ricardo. Vehículos tácticos de la policía rodeaban la suntuosa residencia. Las sirenas rugían, rompiendo la altanería de esa zona elitista.Una hora antes, la evidencia digital enviada por Valentina había sido procesada por el fi
Última actualización : 2026-02-25 Leer más