El gimnasio de la mansión, un espacio acristalado con vistas a los jardines, se sentía como una jaula a presión. Pablo se había quitado la chaqueta, dejando ver la musculatura tensa bajo su camisa blanca con las mangas remangadas. Isabella, por su parte, llevaba ropa deportiva que la hacía ver aún más pequeña y vulnerable de lo habitual.—La guardia siempre arriba, Isabella. Si bajas los brazos, estás muerta —instruyó Pablo, posicionándose frente a ella.Ella lanzó un golpe débil, sin alma. Pablo lo detuvo con la palma de la mano casi sin esfuerzo.—Otra vez. Con ganas. Imagina que soy el hombre del estacionamiento. ¡Golpea!Isabella lo intentó de nuevo. Esta vez, Pablo aprovechó el impulso para rodearla por la cintura y derribarla suavemente sobre el tatami, quedando encima de ella para inmovilizarla. Fue un movimiento técnico, profesional, pero el efecto fue devastador. La respiración de ella se cortó. El calor del cuerpo de Pablo, el olor a su piel y la presión de sus manos sobre s
Última atualização : 2026-03-09 Ler mais